José Luis Cozar Mata.
ESTRATEGIAS ESPECÍFICAS PARA LA ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE DE LAS CIENCIAS SOCIALES:
El conocimiento de las Ciencias Sociales, un saber útil y necesario:
Una de las razones que explican el escaso predicamento de las disciplinas de ciencias sociales entre los estudiantes, estriba en la creencias de estos de que el saber que proporcionan estas materias es un conocimiento “ muerto”, poco útil para responder a las demandas del mundo de hoy. “ Los estudiantes tienen bastante claro que la geografía que aprenden conjuga la utilidad cultural con la inutilidad verdaderamente formativa y profesional.
La historia , la geografía y las demás ciencias sociales encierran sin lugar a dudas un valor educativo esencial para todo ciudadano en nuestro días. Debemos apuntar también hacia los aspectos relacionados con la preparación para la vida y su futuro profesional de los estudiantes, con las exigencias del mundo de hoy, pese a los problemas y condicionamientos que este mundo nos plantea.
Son innumerables los argumentos con los que se puede justificar las trascendencia de una educación en las disciplinas sociales. “ El aprendizaje de las Ciencias Sociales es importante pues desarrolla una parte esencial de nuestras capacidades, ayuda a madurar a las personas y las hace más hábiles para resolver problemas determinados en la vida cotidiana y científicos en ultimo término”.
Hoy el mundo se debate entre grandes conflictos agudizados por la generalización de sus defectos en virtud de la capacidad de divulgación y mediación que propician los procesos de interdependencia y mundialización de los medios informáticos y de comunicación.
En referencia a la historia, es notorio que la falsificación de la historia, que se escamotea ante generaciones enteras, a las que se priva de todo conocimiento veraz de sus raices, de su origen, de los pasos por los que han llegado a ser lo que son”. Solo el conocimiento de la historia nos puede poner a salvo de tanta manipulación habitual.
El adiestramiento de habilidades para la observación:
En cualquier actividad de observación se consiguen mejores resultados si previamente se tienen en cuenta consideraciones y recomendaciones como las siguientes, que son válidas tanto para la observación directa como indirecta:
- La observación se apoya en la atención y la reflexión. Por eso observar no solo es percibir una serie de sensaciones. Requiere un proceso interno y cognitivo de elaboración y aplicación de diferentes esquemas y operaciones mentales, cuyo producto final es lo que realmente forma la observación.
La observación atenta no es una cosa simple. Tiene sus bases en la curiosidad acerca de lo que está ocurriendo y que trata de reconocer incluso lo que no se ve a simple vistas. La observación atenta no es una habilidad que dejemos atrás con la edad, sino una habilidad que todo el que aprende refina continuamente a medida que atraviesa unas nuevas experiencias en contextos variados.
Las estrategias de observación pueden tener aplicaciones muy variadas y atender a objetos y campos de conocimientos muy diversos, pero en el ámbito de las Ciencias Sociales es la Geografía las disciplina que más precisa de su aplicación.
El desarrollo de las habilidades para la observación y la lectura del paisaje debe seguir un proceso de aprendizaje progresivo que, partiendo de las realidades concretas que estén a su alcance, y aprovechando la curiosidad y el interés que muestran los alumnos por los aspectos de su medio próximo debe comenzar desde los primeros cursos de Primaria aunque sea en los últimos cursos de la enseñanza obligatoria cuando pueden y deben trabajarse las observaciones con más rigor. En la Educación Secundaria y Bachillerato es cuando la forma más completa, sistemática y analítica, al haber alcanzado los alumnos las capacidades cognitivas necesarias para abordar con aprovechamiento las distintas fases que requieren una observación eficaz.
Técnicas cartográficas y de representación gráfica:
La cartografía es un instrumento significativo y útil equivale a hacer de ella un recurso práctico y habitual a la hora de interpretar los mapas que se nos presentan en multitud de ocasiones y situaciones de la vida cotidiana, en gran variedad de formatos y tipos.
Las habilidades gráficas y las técnicas propias de la ciencia geográfica junto con su estructura conceptual, son la columna vertebral de esta disciplina, y por tanto su dominio exige un entrenamiento que conlleve iniciar lo antes posible.
Puede comenzarse con la lectura de mapas simplificados, con una simbolización muy específica y reducidos elementos, ya que solo hacia los cinco-seis años los niños comienzan a desarrollar la capacidad para tratar cierta información de tipo cartográfico.
De los seis a los nueve años, los niños tienden a detenerse en pequeños detalles en el mapa, obviando los aspectos y las correlaciones de tipo general, lo que dificulta la comprensión e interpretación de los mapas de pequeña escala y, en consecuencia del manejo de los atlas. A los diez-once años de edad ya alcanzan a comprender los mapas a gran escala y en el período hipotético-deductivo pueden ser ya capaces de interpretar correctamente mapas de áreas desconocidas, pero el conocimiento y el dominio de la escala y la orientación resulta problemática hasta los dieciséis años.
Una vez que los alumnos han conocido lo elementos esenciales del lenguaje cartográfico, las prácticas sobre este recursos no debieran restringirse a ejercicios de reproducción de los mapas impresos puesto que esta tarea, como mucho, absorbe su atención por los aspectos técnicos del trabajo, pero les hace olvidar los aspectos cartográficos.
En buena medida las dificultades para la comprensión y el manejo de mapas dependen del modelo didáctico que se desarrolle, pues, mientras en unos modelos el mapa se concibe como un instrumento para identificar y localizar ( modelo tradicional), otros son más exigentes y demandan un ejercicio de mayor especificidad y conceptualización ( modelo teórico) o proyectan un conocimiento valorativo ( modelo crítico).
Al abordar las dificultades en el procesamiento de la información de un mapa geográfico, es importante considerar que la naturaleza de tales problemas se relaciona estrechamente con el tipo de procesamiento que se realiza con la información contenida en dichos materiales. Este procesamiento puede ejecutarse a distintos niveles de complejidad:
A) El procesamiento de la información explícita.
B) El procesamiento de la información implícita.
C) El procesamiento de la información conceptual.
Por otro lado el uso del mapa en el aula no debe limitarse a la clase de geografía o historia, pues otras disciplinas ayudan a su comprensión. En consecuencia, también su enseñanza requiere un tratamiento interdisciplinario que excede a las propias disciplinas sociales. Las matemáticas y el lenguaje aportan referentes para mejorar su uso dando sentido a conceptos como la escala o la descripción del contenido del mapa.
El trabajo con croquis, esquemas espaciales o maquetas facilita también la comprensión de las representaciones espaciales. Sobre todo las maquetas que al utilizar la tercera dimensión suponen un interesante recurso para introducir el concepto de curvas de nivel. La utilización sistemática del globo terráqueo y los mapas topográficos no conviene introducirlos hasta la enseñanza secundaria por su alto grado de abstracción.
sábado, 17 de octubre de 2009
jueves, 8 de octubre de 2009
HONDURAS
El miedo a una palabra de dos letras
Por Helen Umaña
El 28 de junio venía de Guatemala con el único y exclusivo propósito de votar a favor de la cuarta urna. Veía, en ésta, la posibilidad concreta de un cambio hacia senderos de beneficio colectivo. Era el camino para modificar, con el consenso de todos los partidos políticos y de una amplia difusión y discusión (a través de los medios de comunicación, foros, comentarios, etc.), una Constitución cuyas lagunas son evidentes. La ciencia dice que nada es estático y que todo lo hecho por el ser humano es susceptible de perfeccionarse. Manejar que la cuarta urna lo que pretendía era la reelección de Mel ha sido la distorsión más grande en la historia política del país. La hipotética Constitución se redactaría ya cuando Mel hubiese dejado de ser presidente. Su elaboración estaría, pues, en manos de diputados elegidos por quienes se acercasen a votar. De ahí que la propuesta de la cuarta urna prendiese, con tanto entusiasmo, en la voluntad de los sectores históricamente marginados: campesinos, obreros, grupos étnicos…
Por esa razón, cuando en el bus que me traía de Guatemala me enteré del golpe de Estado, el impacto emocional fue intenso. En esencia, abortar, con alevosía, la semilla de lo que pudo ser un encaminar al país por senderos de equidad y justicia. Darle un golpe de muerte a la posibilidad de un sueño factible: la construcción de una sociedad en donde, no como varita mágica sino como proceso de ardua construcción, se empezasen a solventar las necesidades más urgentes de comida, salud, educación y vivienda para la mayoría. Mel había dado el primer paso. Impedírselo, con el golpe de Estado, fue como abrir la puerta para llevar al país a una espiral de violencia cuyas consecuencias ya se empiezan a sentir: secuestros, asesinatos políticos y persecución a los disidentes. Una realidad que ya se ha instalado en el horizonte de la patria. Al amparo de la nocturnidad y la falta de energía eléctrica, la captura del artista de la caricatura Allan MacDonald (con todo y su hija de diecisiete meses); los asesinatos de Isis Obed Murillo (en el aeropuerto de Toncontín) y de Róger Ivan Bados González y Ramón García, miembros del partido Unificación Democrática (UD) son ominosas señales del abismo hacia el cual Honduras se encamina. A menos que prevalezca la sensatez (que pasa necesariamente por el restablecimiento del Estado de derecho), no es aventurado vaticinar que se está a las puertas de una vorágine social sin precedentes: la reactivación de la tenebrosa Doctrina de la Seguridad Nacional y, como lógica respuesta, la adopción de formas de lucha que llevan consigo incalculables cuotas de dolor y sangre. Una factura que, a la postre, pagará la sociedad en su conjunto. Al respecto, la historia de la humanidad es un espejo en el cual los sectores dominantes del país —por su inveterada miopía— todavía no se han visualizado.
La pesadilla que se repite. El protagonismo de las botas. Las imágenes de los militares apuntando, en posición de combate, a humildes mujeres, a jóvenes imberbes y a personas desarmadas son devastadoras. En Toncontín…, el sonido de las balas. El huir alocado de la gente. El ulular de la ambulancia. El cuerpo frágil sostenido por manos solidarias... Un revivir la estela de sangre y terror que han dejado en Latinoamérica los ejércitos nacionales. Ratificar que el monstruo sigue vivo, agazapado, listo a dar el salto y el zarpazo cuando los grandes consorcios internacionales y sus socios nacionales así lo indiquen. Desde siempre, el brazo armado del poder económico. Y, en niveles de alta graduación, ellos mismos convertidos en poder económico que actúa en defensa de sus intereses.
El contubernio iglesias-poder político. Es indignante el espectáculo de los pastores evangélicos y de la alta jerarquía católica encabezando y bendiciendo las marchas de la oligarquía. Con falaces mensajes bíblicos, violentando las conciencias para llevarlas a la posición política que les permitirá seguir medrando a la sombra de sus iglesias, no casas de oración, sino auténticos emporios económicos. Complementado, todo, con otro bochornoso espectáculo: en un Estado constitucionalmente laico, los «honorables» diputados y sus testigos de honor (Custodio, Aguilar Paz, Leitzelar, Mauricio Villeda, Irma Acosta de Fortín…) agarrándose las manos e inclinando la cabeza, pronunciando una oración en el momento mismo en que, enarbolando una falsa carta de renuncia, ratificaban su traición y consumaban el golpe de Estado.
La guerra mediática. En los meses precedentes al golpe de Estado, la oposición a Mel Zelaya llegó a niveles jamás vistos. Quizá, en ninguna parte del mundo, un periodismo como el hondureño. Especialistas en sesgar y manipular la información. Todos los días mintiendo flagrantemente. Conductores de programas radiales y televisivos moviendo la noticia hacia el lugar en donde sopla el dinero. Tergiversando los hechos para confundir al receptor. Al día siguiente del golpe, desde Radio América, llamando a encauzar el país por las vías de la «normalidad»: «Preséntense en las fábricas, en los negocios…»; «Dejémosle la política a los políticos y que los niños y maestros vuelvan a la escuela, los obreros a sus fábricas…»; «Aquí no ha habido golpe de Estado…»; «Aquí todo es normal»; «Es necesario producir…». En otras palabras, producir para seguir llenando los bolsillos de la minoría… La infamia revestida de amor patrio.
La ambigüedad e indiferencia de la máxima casa de estudios. Duele el comunicado gallo-gallina de las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, institución, en horas más lúcidas, a la vanguardia del pensamiento progresista y democrático. ¿Dónde el análisis de la crisis social y política? ¿Dónde el comunicado orientador para un pueblo carente de instituciones que salvaguarden sus intereses? ¿Cómo puede hablarse de vinculación universidad-sociedad si se evade el compromiso del análisis y del mensaje clarificador? ¿En qué momento se extravió el rumbo de la dignidad?
El manipuleo lingüístico. Desde la espuria sesión del domingo cuando se nombró presidente a Micheletti, éste insistió en que no era un golpe de Estado y lo llamó «un acto de sucesión presidencial». El lenguaje designa realidades y, en función social, no es un instrumento de uso antojadizo. Como se lo hizo ver un corresponsal español, cuando un contingente armado asalta la casa del presidente; lo secuestra y lo envía, contra su voluntad, a Costa Rica, eso sólo puede llamarse golpe de Estado. Aquí y en cualquier parte del mundo. Por más que los medios, los funcionarios y los diplomáticos desleales, mentirosos y oportunistas repitan las palabras del usurpador. El inútil querer tapar el sol con un dedo. La comunidad internacional y el pueblo, que no es el ignorante que muchos creen, lo saben.
El papel de comparsa a que se redujo la querida figura de Ramón Custodio, ¡a quien tanto debo en lo personal!, pero a quien, por respeto a mi propia conciencia, tengo que referirme al haberlo visto en el más triste papel de su carrera! ¡Que es mejor que a Mel lo hayan enviado a Costa Rica ya que, por lo menos, está vivo!, dijo. La cuestión de fondo es el acto ilegal que con él se cometió. Eso era lo que había que condenar. Nunca, con su presencia (es el Comisionado Nacional de Derechos Humanos), avalar la monstruosidad jurídica perpetrada contra un presidente legítimamente electo. Y, como broche de oro: afirmar que eran balas de goma las que usó el ejército la tarde en que, violando la Constitución, vedaron el aterrizaje de Mel en Toncontín. De goma, pero acabaron con la vida de un joven de diecinueve años. (¡Con una humilde «burrita» aguantó las largas horas de espera con un único propósito: vitorear al presidente en el cual había cifrado la esperanza de un mañana mejor! Su pequeña pero gran odisea desde su remoto pueblo y las palabras de su digno padre explicando sus móviles son signos entrañables que hablan de ilusión en un futuro más humano y más digno… , pero también de sueños rotos por la brutalidad represiva…).
En un pueblo hambriento (hace pocos días una campesina, como no había dinero para comprar maíz, para fabricar tortillas, echó mano del que ya estaba «curado» para la siembra; resultado: tres hijos en el hospital y el de cinco años, en el cementerio), en donde el abismo entre ricos y pobres cada vez se hace más profundo y que, por lo mismo, no es cuestión de borrarlo con abrazos de paz y de reconciliación de la «familia hondureña», según cantan los defensores del golpe, la cuarta urna era una opción para intentar cambios positivos. Nunca, al pueblo llano (ese que es marginal y vive en los bordos y en los barrancos de la miseria), se le había dado la oportunidad real de expresar su sentir. Y, con el «Sí», la posibilidad de mejorar un instrumento (una nueva Constitución) que guiase la vida futura de la nación. Lo reiteramos: todo es susceptible de perfeccionarse. Máxime tratándose de la Carta Magna en donde las cuestiones son trascendentales en la cotidiana construcción de la república. Pero los sectores de poder (especialmente la clase política enquistada en el Congreso y que ha esquilmado el erario a través de las grandes erogaciones que se les otorgan a los diputados, supuestamente para obras de beneficio en sus comunidades) le temieron a la avalancha de un «Sí» popular. Sospecharon —con razón— que podía representar el fin de sus incalculables dividendos. El golpe de Estado fue su manera torpe y desesperada de oponerse a la incontenible marea humana que cada vez es más consciente de sus verdaderos intereses y de la mejor forma de defenderlos. Para muestra, una consecuencia inmediata: en un santiamén se hizo añicos la base social de los partidos políticos responsables de la acción delictiva.
Estamos, pues, frente a estatuas con pies de barro. Su desmesurada reacción ante la crucial pregunta de la encuesta abortada revela su debilidad. Son poderosos y se amparan en las múltiples redes nacionales e internacionales que propicia el dinero…, pero le temen al pueblo. Saben que éste es mayoría y que, en justa lid, ellos llevan las de perder. Esa es una de las grandes lecciones que, de estos días trágicos, se debe extraer. Aunque lenta, la rueda de la historia nunca se detiene.
Desde hace treinta años, sólo he escrito sobre arte y literatura. Pero la ruptura del orden constitucional y el descaro con que actuaron Micheletti y sus socios golpistas me sacaron de la voluntaria torre de marfil. Las alucinantes imágenes de esa sesión grotesca en que se le dio un golpe de muerte a la débil democracia hondureña me han confirmado que el artista y el intelectual no pueden esconderse en una pretendida neutralidad. Tratándose del bienestar colectivo no hay apoliticidad que valga. El silencio equivale a aquiescencia y complicidad. Por lo tanto, tomo partido. En los momentos decisivos —cuando está en juego el devenir de los años futuros en Latinoamérica— a lo estético, se sobrepone la opción ética. Y ésta me dice, con claridad meridiana, de qué lado están la razón y la justicia.
Mis palabras no pretenden formular un análisis de la situación (para eso están los sociólogos y politólogos). Pero externar mis sentimientos es una necesidad vital y perentoria. Por un lado, un profundo dolor por el cúmulo de signos negativos que saturan el ambiente. Por el otro, la esperanzada convicción de que los sectores marginados, aún con tropiezos y dificultades, siempre encuentran la ruta hacia mejores derroteros. Nunca camina en reversa la rueda de la historia.
Por Helen Umaña
El 28 de junio venía de Guatemala con el único y exclusivo propósito de votar a favor de la cuarta urna. Veía, en ésta, la posibilidad concreta de un cambio hacia senderos de beneficio colectivo. Era el camino para modificar, con el consenso de todos los partidos políticos y de una amplia difusión y discusión (a través de los medios de comunicación, foros, comentarios, etc.), una Constitución cuyas lagunas son evidentes. La ciencia dice que nada es estático y que todo lo hecho por el ser humano es susceptible de perfeccionarse. Manejar que la cuarta urna lo que pretendía era la reelección de Mel ha sido la distorsión más grande en la historia política del país. La hipotética Constitución se redactaría ya cuando Mel hubiese dejado de ser presidente. Su elaboración estaría, pues, en manos de diputados elegidos por quienes se acercasen a votar. De ahí que la propuesta de la cuarta urna prendiese, con tanto entusiasmo, en la voluntad de los sectores históricamente marginados: campesinos, obreros, grupos étnicos…
Por esa razón, cuando en el bus que me traía de Guatemala me enteré del golpe de Estado, el impacto emocional fue intenso. En esencia, abortar, con alevosía, la semilla de lo que pudo ser un encaminar al país por senderos de equidad y justicia. Darle un golpe de muerte a la posibilidad de un sueño factible: la construcción de una sociedad en donde, no como varita mágica sino como proceso de ardua construcción, se empezasen a solventar las necesidades más urgentes de comida, salud, educación y vivienda para la mayoría. Mel había dado el primer paso. Impedírselo, con el golpe de Estado, fue como abrir la puerta para llevar al país a una espiral de violencia cuyas consecuencias ya se empiezan a sentir: secuestros, asesinatos políticos y persecución a los disidentes. Una realidad que ya se ha instalado en el horizonte de la patria. Al amparo de la nocturnidad y la falta de energía eléctrica, la captura del artista de la caricatura Allan MacDonald (con todo y su hija de diecisiete meses); los asesinatos de Isis Obed Murillo (en el aeropuerto de Toncontín) y de Róger Ivan Bados González y Ramón García, miembros del partido Unificación Democrática (UD) son ominosas señales del abismo hacia el cual Honduras se encamina. A menos que prevalezca la sensatez (que pasa necesariamente por el restablecimiento del Estado de derecho), no es aventurado vaticinar que se está a las puertas de una vorágine social sin precedentes: la reactivación de la tenebrosa Doctrina de la Seguridad Nacional y, como lógica respuesta, la adopción de formas de lucha que llevan consigo incalculables cuotas de dolor y sangre. Una factura que, a la postre, pagará la sociedad en su conjunto. Al respecto, la historia de la humanidad es un espejo en el cual los sectores dominantes del país —por su inveterada miopía— todavía no se han visualizado.
La pesadilla que se repite. El protagonismo de las botas. Las imágenes de los militares apuntando, en posición de combate, a humildes mujeres, a jóvenes imberbes y a personas desarmadas son devastadoras. En Toncontín…, el sonido de las balas. El huir alocado de la gente. El ulular de la ambulancia. El cuerpo frágil sostenido por manos solidarias... Un revivir la estela de sangre y terror que han dejado en Latinoamérica los ejércitos nacionales. Ratificar que el monstruo sigue vivo, agazapado, listo a dar el salto y el zarpazo cuando los grandes consorcios internacionales y sus socios nacionales así lo indiquen. Desde siempre, el brazo armado del poder económico. Y, en niveles de alta graduación, ellos mismos convertidos en poder económico que actúa en defensa de sus intereses.
El contubernio iglesias-poder político. Es indignante el espectáculo de los pastores evangélicos y de la alta jerarquía católica encabezando y bendiciendo las marchas de la oligarquía. Con falaces mensajes bíblicos, violentando las conciencias para llevarlas a la posición política que les permitirá seguir medrando a la sombra de sus iglesias, no casas de oración, sino auténticos emporios económicos. Complementado, todo, con otro bochornoso espectáculo: en un Estado constitucionalmente laico, los «honorables» diputados y sus testigos de honor (Custodio, Aguilar Paz, Leitzelar, Mauricio Villeda, Irma Acosta de Fortín…) agarrándose las manos e inclinando la cabeza, pronunciando una oración en el momento mismo en que, enarbolando una falsa carta de renuncia, ratificaban su traición y consumaban el golpe de Estado.
La guerra mediática. En los meses precedentes al golpe de Estado, la oposición a Mel Zelaya llegó a niveles jamás vistos. Quizá, en ninguna parte del mundo, un periodismo como el hondureño. Especialistas en sesgar y manipular la información. Todos los días mintiendo flagrantemente. Conductores de programas radiales y televisivos moviendo la noticia hacia el lugar en donde sopla el dinero. Tergiversando los hechos para confundir al receptor. Al día siguiente del golpe, desde Radio América, llamando a encauzar el país por las vías de la «normalidad»: «Preséntense en las fábricas, en los negocios…»; «Dejémosle la política a los políticos y que los niños y maestros vuelvan a la escuela, los obreros a sus fábricas…»; «Aquí no ha habido golpe de Estado…»; «Aquí todo es normal»; «Es necesario producir…». En otras palabras, producir para seguir llenando los bolsillos de la minoría… La infamia revestida de amor patrio.
La ambigüedad e indiferencia de la máxima casa de estudios. Duele el comunicado gallo-gallina de las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, institución, en horas más lúcidas, a la vanguardia del pensamiento progresista y democrático. ¿Dónde el análisis de la crisis social y política? ¿Dónde el comunicado orientador para un pueblo carente de instituciones que salvaguarden sus intereses? ¿Cómo puede hablarse de vinculación universidad-sociedad si se evade el compromiso del análisis y del mensaje clarificador? ¿En qué momento se extravió el rumbo de la dignidad?
El manipuleo lingüístico. Desde la espuria sesión del domingo cuando se nombró presidente a Micheletti, éste insistió en que no era un golpe de Estado y lo llamó «un acto de sucesión presidencial». El lenguaje designa realidades y, en función social, no es un instrumento de uso antojadizo. Como se lo hizo ver un corresponsal español, cuando un contingente armado asalta la casa del presidente; lo secuestra y lo envía, contra su voluntad, a Costa Rica, eso sólo puede llamarse golpe de Estado. Aquí y en cualquier parte del mundo. Por más que los medios, los funcionarios y los diplomáticos desleales, mentirosos y oportunistas repitan las palabras del usurpador. El inútil querer tapar el sol con un dedo. La comunidad internacional y el pueblo, que no es el ignorante que muchos creen, lo saben.
El papel de comparsa a que se redujo la querida figura de Ramón Custodio, ¡a quien tanto debo en lo personal!, pero a quien, por respeto a mi propia conciencia, tengo que referirme al haberlo visto en el más triste papel de su carrera! ¡Que es mejor que a Mel lo hayan enviado a Costa Rica ya que, por lo menos, está vivo!, dijo. La cuestión de fondo es el acto ilegal que con él se cometió. Eso era lo que había que condenar. Nunca, con su presencia (es el Comisionado Nacional de Derechos Humanos), avalar la monstruosidad jurídica perpetrada contra un presidente legítimamente electo. Y, como broche de oro: afirmar que eran balas de goma las que usó el ejército la tarde en que, violando la Constitución, vedaron el aterrizaje de Mel en Toncontín. De goma, pero acabaron con la vida de un joven de diecinueve años. (¡Con una humilde «burrita» aguantó las largas horas de espera con un único propósito: vitorear al presidente en el cual había cifrado la esperanza de un mañana mejor! Su pequeña pero gran odisea desde su remoto pueblo y las palabras de su digno padre explicando sus móviles son signos entrañables que hablan de ilusión en un futuro más humano y más digno… , pero también de sueños rotos por la brutalidad represiva…).
En un pueblo hambriento (hace pocos días una campesina, como no había dinero para comprar maíz, para fabricar tortillas, echó mano del que ya estaba «curado» para la siembra; resultado: tres hijos en el hospital y el de cinco años, en el cementerio), en donde el abismo entre ricos y pobres cada vez se hace más profundo y que, por lo mismo, no es cuestión de borrarlo con abrazos de paz y de reconciliación de la «familia hondureña», según cantan los defensores del golpe, la cuarta urna era una opción para intentar cambios positivos. Nunca, al pueblo llano (ese que es marginal y vive en los bordos y en los barrancos de la miseria), se le había dado la oportunidad real de expresar su sentir. Y, con el «Sí», la posibilidad de mejorar un instrumento (una nueva Constitución) que guiase la vida futura de la nación. Lo reiteramos: todo es susceptible de perfeccionarse. Máxime tratándose de la Carta Magna en donde las cuestiones son trascendentales en la cotidiana construcción de la república. Pero los sectores de poder (especialmente la clase política enquistada en el Congreso y que ha esquilmado el erario a través de las grandes erogaciones que se les otorgan a los diputados, supuestamente para obras de beneficio en sus comunidades) le temieron a la avalancha de un «Sí» popular. Sospecharon —con razón— que podía representar el fin de sus incalculables dividendos. El golpe de Estado fue su manera torpe y desesperada de oponerse a la incontenible marea humana que cada vez es más consciente de sus verdaderos intereses y de la mejor forma de defenderlos. Para muestra, una consecuencia inmediata: en un santiamén se hizo añicos la base social de los partidos políticos responsables de la acción delictiva.
Estamos, pues, frente a estatuas con pies de barro. Su desmesurada reacción ante la crucial pregunta de la encuesta abortada revela su debilidad. Son poderosos y se amparan en las múltiples redes nacionales e internacionales que propicia el dinero…, pero le temen al pueblo. Saben que éste es mayoría y que, en justa lid, ellos llevan las de perder. Esa es una de las grandes lecciones que, de estos días trágicos, se debe extraer. Aunque lenta, la rueda de la historia nunca se detiene.
Desde hace treinta años, sólo he escrito sobre arte y literatura. Pero la ruptura del orden constitucional y el descaro con que actuaron Micheletti y sus socios golpistas me sacaron de la voluntaria torre de marfil. Las alucinantes imágenes de esa sesión grotesca en que se le dio un golpe de muerte a la débil democracia hondureña me han confirmado que el artista y el intelectual no pueden esconderse en una pretendida neutralidad. Tratándose del bienestar colectivo no hay apoliticidad que valga. El silencio equivale a aquiescencia y complicidad. Por lo tanto, tomo partido. En los momentos decisivos —cuando está en juego el devenir de los años futuros en Latinoamérica— a lo estético, se sobrepone la opción ética. Y ésta me dice, con claridad meridiana, de qué lado están la razón y la justicia.
Mis palabras no pretenden formular un análisis de la situación (para eso están los sociólogos y politólogos). Pero externar mis sentimientos es una necesidad vital y perentoria. Por un lado, un profundo dolor por el cúmulo de signos negativos que saturan el ambiente. Por el otro, la esperanzada convicción de que los sectores marginados, aún con tropiezos y dificultades, siempre encuentran la ruta hacia mejores derroteros. Nunca camina en reversa la rueda de la historia.
jueves, 17 de septiembre de 2009
La lucha contra la corrupción como uno de los factores clave a considerar en la modelación del Ministerio del Ambiente
Por: Rodrigo Arce Rojas
Según el Diccionario de la RAE corrupción (Derecho) consiste en la utilización de las funciones y medios en provecho económico, o de otra índole, especialmente en las instituciones públicas. Por su parte Vito Tanzi (1994) refiere que la corrupción alude a “todo acto por parte de autoridades gubernamentales, sean estos hacedores de política o burócratas, que se desvía del objetivo de brindar el mayor bienestar social motivado por un fin de lucro personal o en beneficio de familiares o allegados.”
Veamos algunas características de la corrupción señaladas por Egaña (2006):
• Es un fenómeno de a dos (proceso interaccional): un corrupto (que se deja sobornar) y un corruptor (el que corrompe).
• Supone el menoscabo de un bien público, institucional o aún grupal en beneficio de un bien privado particular, grupal o familiar
• Implica un acto de desviación normativa
• El beneficio puede ser monetario o de otro tipo
• En la situación de corrupción normalmente se presenta una situación de asimetría en alguna dimensión del poder por parte del actor corruptor frente al actor corrompido
• Es cometido, generalmente, por personas de alto status socio - económico en el marco de su profesión, y por lo tanto frecuentemente expuesto a un sistema de inmunidades y criminalización selectiva, que puede aprovecharse de la indefensión
La corrupción no sólo se da en el ámbito político sino también empresarial Veamos algunas manifestaciones de estos tipos de corrupción:
Corrupción Política
• Malversación
• Patrocinio
• Extorsiones
• Sobornos
• Fraudes
• Nepotismo
Corrupción empresarial
• Transacciones no registradas
• Contabilidad alterada
• Falsedad en la declaración de impuestos
• Información distorsionada con fines de ocultamiento
• Códigos de conducta que no se aplican o simplemente no se implementan
Fuente: Adaptado de Quintana (2007).
Según PROETICA el Perú en el año 2006 se ubicaba en el puesto 76 (de 163 países) con 3.3 de puntuación en el índice anual de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. En un estudio realizado por APOYO (2006), encargado por CONFIEP y PROETICA la corrupción es uno de los cuatro problemas que preocupa a la ciudadanía pero el mayor que enfrenta el Estado. Aunque en el mismo estudio se señala que la mayoría cree que la democracia ayuda a enfrentar la corrupción y está demostrado que la corrupción tiene correlación directa con el desarrollo económico, la percepción es que no se hace mucho para atacar este gran problema.
En el Perú tenemos diferentes formas cómo se presenta la Ley:
• Hay Ley pero no hay reglamento
• Hay reglamento pero no hay recursos para la implementación
• Hay reglamento, recursos pero falta la voluntad política para su implementación
De ello se desprende la necesidad de:
• Difundir apropiadamente la normatividad
• Hacer cumplir la normatividad existente
• Contar con una institucionalidad pertinente con capacidad para hacer cumplir la ley
• Contar con los recursos necesarios para implementar la ley
Pero no basta una visión legalista para resolver el problema de la corrupción. Vemos que la ley también tiene algunos problemas:
• Muchas veces las leyes, como hijas de su tiempo y fusión de intereses políticos y económicos están direccionados por los grupos de poder al margen de consideraciones ambientales o sociales
• Muchos mecanismos de consulta y participación son más bien actos administrativos que compromisos reales por la sostenibilidad
• Muchas leyes ambientales están subordinadas a la necesidad de profundizar las inversiones privadas
Algunas de estas incoherencias se ponen de manifiesto cuando:
• Se declara de interés nacional la explotación de un recurso para subestimar aspectos ambientales y sociales
• Se pretenden hacer “interpretaciones auténticas”
• Se hacen malabares lingüísticos y se cambian las definiciones (valor agregado por ejemplo)
• Adrede se mantienen estándares ambientales muy por debajo de los estándares internacionales
• Se acortan plazos para la participación ciudadana
• Se encasillan a los que protestan como retardatarios del progreso
• Se dilatan eternamente los plazos de remediación ambiental
• Se direccionan los estudios de impacto ambiental, entre otros aspectos.
Por todo ello no basta un enfoque legalista. Lo que interesa es construir procesos de legitimidad normativa en base a un encuentro axiológico entre los actores. El desarrollo sostenible por definición involucra la transparencia y ética como base para la construcción de la confianza que es el pegamento para la construcción de capital social.
Puesto que la corrupción tiene una implicancia directa en la degradación ambiental es importante desplegar los esfuerzos necesarios para erradicarla. La gestión ambiental tiene en la estrategia de lucha contra la corrupción un elemento fundamental para hacerla viable.
Consideramos por tanto que la dimensión de lucha contra la corrupción, o mejor dicho, la dimensión a favor de la transparencia ambiental, es un factor que no debe ser soslayado. Tan importante como el factor humano en el diseño organizacional se debe considerar aspectos como la probidad e integridad de los funcionarios.
Es indudable que en la lucha contra la corrupción se debe favorecer la confluencia de mecanismos estatales como mecanismos de control social en base a la participación ciudadana. Estos son sólo unos apuntes para favorecer un diálogo generativo en esta dirección.
Literatura citada:
Egaña, Rodrigo y un colectivo de autores. Gobernabilidad y responsabilidad social: una tarea compartida. Santiago de Chile. 2006.
Quintana Martínez, Onexy. Corrupción, transparencia y sostenibilidad ambiental. ¿Relación peligrosa o beneficiosa? Publicado en Revista Futuros No.19, 2007 Vol. V.
http://www.revistafuturos.info
Según el Diccionario de la RAE corrupción (Derecho) consiste en la utilización de las funciones y medios en provecho económico, o de otra índole, especialmente en las instituciones públicas. Por su parte Vito Tanzi (1994) refiere que la corrupción alude a “todo acto por parte de autoridades gubernamentales, sean estos hacedores de política o burócratas, que se desvía del objetivo de brindar el mayor bienestar social motivado por un fin de lucro personal o en beneficio de familiares o allegados.”
Veamos algunas características de la corrupción señaladas por Egaña (2006):
• Es un fenómeno de a dos (proceso interaccional): un corrupto (que se deja sobornar) y un corruptor (el que corrompe).
• Supone el menoscabo de un bien público, institucional o aún grupal en beneficio de un bien privado particular, grupal o familiar
• Implica un acto de desviación normativa
• El beneficio puede ser monetario o de otro tipo
• En la situación de corrupción normalmente se presenta una situación de asimetría en alguna dimensión del poder por parte del actor corruptor frente al actor corrompido
• Es cometido, generalmente, por personas de alto status socio - económico en el marco de su profesión, y por lo tanto frecuentemente expuesto a un sistema de inmunidades y criminalización selectiva, que puede aprovecharse de la indefensión
La corrupción no sólo se da en el ámbito político sino también empresarial Veamos algunas manifestaciones de estos tipos de corrupción:
Corrupción Política
• Malversación
• Patrocinio
• Extorsiones
• Sobornos
• Fraudes
• Nepotismo
Corrupción empresarial
• Transacciones no registradas
• Contabilidad alterada
• Falsedad en la declaración de impuestos
• Información distorsionada con fines de ocultamiento
• Códigos de conducta que no se aplican o simplemente no se implementan
Fuente: Adaptado de Quintana (2007).
Según PROETICA el Perú en el año 2006 se ubicaba en el puesto 76 (de 163 países) con 3.3 de puntuación en el índice anual de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. En un estudio realizado por APOYO (2006), encargado por CONFIEP y PROETICA la corrupción es uno de los cuatro problemas que preocupa a la ciudadanía pero el mayor que enfrenta el Estado. Aunque en el mismo estudio se señala que la mayoría cree que la democracia ayuda a enfrentar la corrupción y está demostrado que la corrupción tiene correlación directa con el desarrollo económico, la percepción es que no se hace mucho para atacar este gran problema.
En el Perú tenemos diferentes formas cómo se presenta la Ley:
• Hay Ley pero no hay reglamento
• Hay reglamento pero no hay recursos para la implementación
• Hay reglamento, recursos pero falta la voluntad política para su implementación
De ello se desprende la necesidad de:
• Difundir apropiadamente la normatividad
• Hacer cumplir la normatividad existente
• Contar con una institucionalidad pertinente con capacidad para hacer cumplir la ley
• Contar con los recursos necesarios para implementar la ley
Pero no basta una visión legalista para resolver el problema de la corrupción. Vemos que la ley también tiene algunos problemas:
• Muchas veces las leyes, como hijas de su tiempo y fusión de intereses políticos y económicos están direccionados por los grupos de poder al margen de consideraciones ambientales o sociales
• Muchos mecanismos de consulta y participación son más bien actos administrativos que compromisos reales por la sostenibilidad
• Muchas leyes ambientales están subordinadas a la necesidad de profundizar las inversiones privadas
Algunas de estas incoherencias se ponen de manifiesto cuando:
• Se declara de interés nacional la explotación de un recurso para subestimar aspectos ambientales y sociales
• Se pretenden hacer “interpretaciones auténticas”
• Se hacen malabares lingüísticos y se cambian las definiciones (valor agregado por ejemplo)
• Adrede se mantienen estándares ambientales muy por debajo de los estándares internacionales
• Se acortan plazos para la participación ciudadana
• Se encasillan a los que protestan como retardatarios del progreso
• Se dilatan eternamente los plazos de remediación ambiental
• Se direccionan los estudios de impacto ambiental, entre otros aspectos.
Por todo ello no basta un enfoque legalista. Lo que interesa es construir procesos de legitimidad normativa en base a un encuentro axiológico entre los actores. El desarrollo sostenible por definición involucra la transparencia y ética como base para la construcción de la confianza que es el pegamento para la construcción de capital social.
Puesto que la corrupción tiene una implicancia directa en la degradación ambiental es importante desplegar los esfuerzos necesarios para erradicarla. La gestión ambiental tiene en la estrategia de lucha contra la corrupción un elemento fundamental para hacerla viable.
Consideramos por tanto que la dimensión de lucha contra la corrupción, o mejor dicho, la dimensión a favor de la transparencia ambiental, es un factor que no debe ser soslayado. Tan importante como el factor humano en el diseño organizacional se debe considerar aspectos como la probidad e integridad de los funcionarios.
Es indudable que en la lucha contra la corrupción se debe favorecer la confluencia de mecanismos estatales como mecanismos de control social en base a la participación ciudadana. Estos son sólo unos apuntes para favorecer un diálogo generativo en esta dirección.
Literatura citada:
Egaña, Rodrigo y un colectivo de autores. Gobernabilidad y responsabilidad social: una tarea compartida. Santiago de Chile. 2006.
Quintana Martínez, Onexy. Corrupción, transparencia y sostenibilidad ambiental. ¿Relación peligrosa o beneficiosa? Publicado en Revista Futuros No.19, 2007 Vol. V.
http://www.revistafuturos.info
sábado, 12 de septiembre de 2009
BOURDIEU Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES
Eugenio Sosa
Los que tienen la suerte de poder dedicar su vida al estudio del movimiento social, no pueden permanecer, neutros e indiferentes, al margen de las luchas que ponen en juego el futuro del mundo.
Pierre Bourdieu
I. Breve introducción
En este ensayo se pretende indagar, en una primera exploración y de manera muy preliminar, la potencialidad de la sociología bourdieusiana para la investigación y estudio de los movimientos sociales.
Se exploran los aspectos epistemológicos, los metodológicos a partir de las categorías conceptuales de campo, habitus y capital; el papel de los intelectuales y la televisión.
II. Consideraciones epistemológicas para el estudio de los movimientos sociales
Uno de los aportes de Bourdieu que deben ser considerados en la investigación científica y, de manera especial, en el estudio de los movimientos sociales, es la relación entre ciencia y poder, y entre ciencia y política.
Para Bourdieu no hay una frontera infranqueable entre epistemología y política. Al respecto, sostiene que: “los conflictos epistemológicos son siempre, inseparablemente conflictos políticos: es por eso que una investigación sobre el poder en el campo científico podría comprender sólo cuestiones de tipo epistemológico” (Bourdieu, 2008:15).
Nuestro autor combate la idea de una ciencia neutra y completamente objetiva, que ubica al quehacer científico lejos de la esfera del poder y de todo tipo de intereses. Desde la perspectiva de Bourdieu la pretendida búsqueda de neutralidad no es más que una ficción. “La idea de una ciencia neutra es una ficción, y es una ficción interesada, que permite considerar científica una forma neutralizada y eufemística (y por lo tanto particularmente eficaz simbólicamente porque es particularmente desconocible) de la representación dominante del mundo social” (Bourdieu, 2008:47).
Bourdieu no sólo no acepta la supuesta neutralidad de la ciencia, sino que va mucho más allá cuando afirma: “la ciencia social toma necesariamente partido en la lucha política” (Bourdieu, 2008:48).
Siguiendo la lógica de argumentación anterior, Bourdieu es consciente que bajo la autoridad de la ciencia se construye la conciencia falsa, la política oficial y se niega la existencia de la lucha de clases.
“La ciencia falsa destinada a producir y mantener la falsa conciencia, la sociología oficial (cuya politología es su más bello florón) debe hacer exhibición de objetividad y de “neutralidad ética” (es decir neutralidad en la lucha de clases cuya existencia niega, por otro lado) y dar todas las apariencias de una ruptura decidida con la clase dominante y sus demandas ideológicas, multiplicando los signos exteriores de cientificidad […]” (Bourdieu, 2008:53).
En resumen, el estudio de los movimientos sociales, desde las posiciones epistemológicas de Pierre Bourdieu, exige el reconocimiento de la existencia de la lucha de clases, de la relación entre epistemología y política, y entre epistemología y poder que tienen las prácticas científicas en la creación y legitimación de la dominación simbólica.
III. Habitus, campo y capital en el estudio de los movimientos sociales
En el estudio de los movimientos sociales se encuentran dos grandes perspectivas teóricas. Una, que explica los movimientos sociales desde los factores externos como la teoría del agravio y la teoría de la Estructura de Oportunidades Política (EOP); y dos, la que explica los movimientos sociales desde factores más internos como las subjetividades, las identidades y la movilización de recursos. En la actualidad, se ha demostrado que ambas perspectivas analíticas son insuficientes y existen esfuerzos para la construcción de una síntesis teórica que articule tanto la teoría de los factores externos como los internos para la explicación de los movimientos sociales. En la búsqueda de esta síntesis teórica, los conceptos de habitus, campus y capital pueden dar un aporte significativo. Bourdieu busca romper con las parejas dicotómicas como objetividad/subjetividad, estructura/acción, micro/macro, entre otras.
La preocupación central de Bourdieu es pensar e investigar la realidad en términos de relaciones, más que de estructuras. Campo significa pensar en términos de relaciones. “Lo real es relacional: lo que existe en el mundo son relaciones; no interacciones o vínculos intersubjetivos entre agentes, sino relaciones objetivas que existen “independientemente de la conciencia y voluntad individuales”, como dijera Marx” (Bourdieu, 1995:64).
El concepto de capital es clave para conocer con que “armas” o recursos, no sólo materiales sino que también simbólicos, se enfrentan los movimientos sociales. “Un capital o una especie de capital es el factor eficiente en un campo dado, como arma y como apuesta; permite a su poseedor ejercer un poder, una influencia, por tanto, existir en un determinado campo, en vez de ser una simple “cantidad deleznable” (Bourdieu, 1995: 65).
Lo fundamental es que Bourdieu reconoce que a todo ejercicio de poder le corresponde determinada lucha y resistencia de los dominados, sea esta oculta o abierta, y esto es parte de los acumulados históricos sin los cuales la gestación e irrupción, mucha veces de manera sorpresiva e intempestiva, de los movimientos sociales sería muy difícil de comprender. Veamos el siguiente planteamiento de Pierre Bourdieu:
“Quienes dominan en un determinado campo están en posición de hacerlo funcionar en su beneficio, pero siempre deben tener en cuenta la resistencia, las protestas, la reivindicaciones y las pretensiones, “políticas” o no, de los dominados. Es verdad que dentro de ciertas condiciones históricas, las cuales deben estudiarse empíricamente, un campo puede comenzar a funcionar como aparato. Cuando el dominante logra aplastar o dominar la resistencia y las reacciones del dominado, cuando todos los movimientos ocurren exclusivamente de arriba hacia abajo, la lucha y la dialéctica constitutivas del campo tienden a desaparecer. Sólo puede haber historia mientras los individuos se rebelen, resistan y reaccionen.
Las instituciones totalitarias –asilos, prisiones, campos de concentración- y las dictaduras son intentos de acabar con la historia. Así, los aparatos representan un caso extremo, algo que se puede considerar un estado patológico de los campos. Pero, se trata de un extremo que nunca se alcanza del todo, aun en los regímenes “totalitarios” más represivos” (Bourdieu, 1995:68).
Los campos son espacio de disputa de las fuerzas sociales, ya sea por conservar o transformas los capitales. El campo es algo dinámico y para nada estático. “El campo es escenario de relaciones de fuerza y de luchas encaminadas a transformarlas y, por consiguiente, el sitio de un cambio permanente” (Bourdieu, 1995:69).
Sin mayor explicación, Bourdieu no hace referencia a las categorías de sujeto o de actor, sino que prefiere hablar de agente. Pero lo más importante es que presenta una perspectiva que busca romper con los determinismos de los factores internos o externos del sujeto. Es decir, está contra el determinismo estructural, pero también contra el determinismo de la elección racional y del individualismo metodológico. Así plantea que: “Los agentes sociales no son “partículas” mecánicamente arrastradas y empujadas por fuerzas externas. Son, más bien, portadores de capital y, según su trayectoria y la posición que ocupan en el campo en virtud de su dotación de capital (volumen y estructura), propenden a orientarse activamente, ya sea hacia la conservación de distribución del capital, ya sea hacia la subversión de dicha distribución […]” (Bourdieu, 1995: 72).
Bourdieu enfatiza que, “la teoría de la acción racional sólo reconoce las “respuestas racionales” de un agente carente de historia, indeterminado e intercambiable” (Bourdieu, 1995:85), y plantea la categoría de habitus como un concepto clave para romper con las dicotomías epistemológicas falsas, al reconocer que, “hablar de habitus es plantear que lo individual, e incluso lo personal, lo subjetivo, es social, a saber, colectivo” (Bourdieu, 1995:87).
“El concepto de habitus da cuenta del hecho de que los agentes sociales no son ni partículas de materia determinada por causas externas, ni tampoco pequeñas mónadas guiadas exclusivamente por motivos internos y que llevan a cabo una suerte de programa perfectamente racional. Los agentes sociales son el producto de la historia, esto es, de la historia de todo el campo social y de la experiencia acumulada en el curso de una trayectoria determinada en el subcampo considerado […]
En otras palabras, los agentes sociales determinan activamente, mediante categorías de percepción y apreciación social e históricamente constituidas, las situaciones que los determinan. Se puede decir, incluso, que los agentes sociales están determinados solamente en la medida que se autodeterminan; pero, las categorías de percepción y apreciación que forman la base de esta autodeterminación están así mismas determinadas en gran parte por las condiciones económicas y sociales de su constitución” (Bourdieu, 1995: 93-94).
Así las cosas, el concepto de habitus, sería la categoría fundamental para romper con los determinismos sobre los agentes.
IV. Los intelectuales y los movimientos sociales
En las ciencias sociales existe un largo debate sobre el papel de los intelectuales en la política. Antonio Gramsci desarrolló la idea del “intelectual orgánico”, pero Bourdieu plantea el intelectual comprometido pero a la vez autónomo.
Bourdieu en los últimos años de su vida apoyó en las calles y huelgas los movimientos sociales contra el neoliberalismo. Rechazó de manera enérgica las medidas de privatización, la destrucción de los sindicatos y la discriminación y mal trato a los trabajadores migrantes en Europa.
Denunció los procesos de flexibilización y precarización laboral, y llamó a la movilización social: “La privatización de muchas grandes empresas y la multiplicación de los “trabajitos”, limitado casi siempre a los servicios, y por tanto temporales y a tiempo parcial, interinos y a veces a domicilio, las propias bases de un sindicato de militantes están amenazadas, como lo demuestran no sólo el declive de la sindicación, sino también y sobre todo la escasa participación de los jóvenes y sobre todo los jóvenes procedentes de la inmigración, que provocan tanto inquietud y que nadie -o casi nadie- piensa en movilizar en ese frente.” (Bourdieu, 2001:20-21).
Bourdieu llamó a los movimientos sociales, y sobre todo al movimiento sindical europeo a realizar una serie de rupturas para que se pudiera colocar a la altura de los desafíos históricos que reclama el momento. Llamó a romper con los particularismos nacionales, con el pensamiento conciliador, con el fatalismo económico y con el neoliberalismo.
Ruptura con los particularismos nacionales, “ruptura con un pensamiento conciliador que tiende a debilitar el pensamiento y la acción críticos, a valorizar el consenso social hasta el punto de animar a los sindicatos a compartir la responsabilidad de una política encaminada a hacer aceptar a los dominados su subordinación; ruptura con el fatalismo económico, que estimulan no sólo los discursos mediático-políticos sobre las necesidades ineluctables de la “globalización” y sobre el dominio de los mercados financieros […], sino también el propio comportamiento de los gobiernos socialdemócratas […] ruptura con un neoliberalismo diestro en presentar las exigencias inflexibles de contratos de trabajo leoninos bajo la apariencia de la “flexibilidad” […]” (Bourdieu, 2001: 21-22).
Desde la perspectiva de Bourdieu el neoliberalismo, los procesos de globalización y de precarización laboral, desafían a los movimientos sociales y al sindicalismo en particular en la construcción de nuevas formas de pensar y actuar. “No hay tarea más urgente que la invención de unas maneras de pensar y actuar nuevas que impone la precarización” (Bourdieu, 2001:25).
Pierre Bourdieu se pronunció por la construcción del “intelectual colectivo”, y por una solidaridad práctica entre los intelectuales y los huelguistas, y movimientos sociales en general. Sin embargo, su propuesta no es que el intelectual abandone su campo y se convierta en un simple activista más, sino que su principal lucha debía estar en el mismo campo intelectual.
“Es en la esfera intelectual donde los intelectuales deben sostener el combate, no sólo porque es allí donde sus armas gozan de mayor eficacia, sino también porque las nuevas tecnocracias consiguen imponerse frecuentemente en nombre de la autoridad intelectual.
La nueva demagogia se apoya principalmente en las encuestas para legitimar las medidas represivas contra los extranjeros, o las políticas culturales hostiles a la vanguardia. He aquí porque los intelectuales deben de disponer de medios de expresión autónomos que no dependan de subvenciones públicas o privadas y organizarse colectivamente, para poner sus propias armas al servicio de los combates progresistas” (Bourdieu, 2005a:50).
Bourdieu criticó de manera férrea la complacencia y supuesta neutralidad de los intelectuales, y su refugio en los recintos universitarios. “No se trata de leer ponencias, como en la universidad, sino de “exponerse” lo cual es muy distinto: los académicos exponen mucho en los coloquios, pero se exponen poco” (Bourdieu, 2005a:52).
Señaló que una de las tareas de la sociología debía ser la politización de la sociedad. “La sociología no invita a moralizar sino a politizar” (Bourdieu, 2005a: 58).
Desde la perspectiva de Bourdieu quien estudia los movimientos sociales no puede permanecer neutro ni indiferente. “Los que tienen la suerte de poder dedicar su vida al estudio del movimiento social, no pueden permanecer, neutros e indiferentes, al margen de las luchas que ponen en juego el futuro del mundo” (Bourdieu, 2001:7).
Todo lo anterior, tiene que ver con la importancia que Bourdieu atribuye a los intelectuales para la lucha social. “Los intelectuales (entendiendo por ello a los artistas, escritores y científicos que se comprometen en una acción política) son indispensables para la lucha social, especialmente hoy, dadas las formas completamente nuevas que adquiere la dominación” (Bourdieu, 2001:40).
La propuesta de Bourdieu en torno a los intelectuales y su compromiso político se sintetiza en el siguiente párrafo que por su importancia cito en extenso.
“Debemos oponer las producciones de redes críticas que agrupen “intelectuales específicos” (en el sentido de Foucault) de un verdadero intelectual colectivo capaz de definir los objetos y los fines de su reflexión y de su acción, es decir, autónomo. Este intelectual colectivo puede y debe cumplir en primer lugar funciones negativas, críticas, trabajando en la producción y extensión de instrumentos de defensa contra la dominación simbólica que hoy se ampara casi siempre en la autoridad de la ciencia; haciendo valer la competencia y la autoridad del colectivo reunido, puede someter el discurso dominante a una crítica lógica que ataque sobre todo el léxico (“globalización”, “flexibilización”, etc.), pero también la argumentación y el uso de metáforas; también puede someterlo a una crítica sociológica, que prolonga la primera, poniendo en evidencia los determinantes que pesan sobre los productores del discurso dominante (empezando por los periodistas sobre todo económicos) y sobre sus productos; por último puede oponer una crítica propiamente científica a la autoridad predeterminadamente científica de los expertos, sobre todo económicos” (Bourdieu, 2001:40-41). “Pero también puede cumplir una función positiva contribuyendo a un trabajo colectivo de invención política […]
Pero la doxa neoliberal ha ocupado todo el espacio vacante y la crítica se ha refugiado en el “pequeño mundo” académico, donde está encantada de sí misma, pero no es capaz de inquietar realmente a nadie en nada” (Bourdieu, 2001:41).
V. La televisión y las nuevas tecnologías en el estudio de los movimientos sociales
En la actualidad está en el debate académico el tema de las nuevas tecnologías de la comunicación y la influencia y cambios que han producido en los movimientos sociales. Bourdieu no estudió de manera general las nuevas tecnologías de la información y comunicación, pero sí el papel de la televisión. Claro que es importante aclarar que reflexionó desde la televisión europea -cuando las grandes empresas televisoras tomaban fuerza en el ámbito del mercado, y se desprendían, de alguna manera, de su vinculación estatal-. Sin embargo, aun con esta advertencia, sus reflexiones son más que interesantes para realidades como la latinoamericana.
En primer lugar a Bourdieu le preocupó mucho la falta de autonomía y, por tanto, la invasión del campo de la televisión por el campo económico y otros. Así señaló que, “el acceso a la televisión tiene como contrapartida una formidable censura, una pérdida de autonomía que está ligada, entre otras cosas, a que el tema es impuesto, a que las condiciones de comunicación son impuestas y, sobre todo, a que la limitación del tiempo impone al discurso que resulta poco probable que pueda decirse algo […] Lo que pesa sobre la televisión es la coerción económica […]” (Bourdieu, 1997:19).
Pero, qué relevancia tiene el campo de la televisión en la sociedad. En primer lugar, su capacidad de reproducir el orden simbólico dominante. En la perspectiva de Bourdieu, “los mecanismos anónimos, invisibles, a través de los cuales se ejercen las censuras de todo orden que hacen que la televisión sea un colosal instrumento de mantenimiento del orden simbólico” (Bourdieu, 1997:20).
Por ello, le atribuía a la sociología la tarea de descubrir las cosas ocultas y contribuir a minimizar la violencia simbólica. “La sociología, al igual que todas las ciencias, tiene como misión descubrir cosas ocultas; al hacerlo, puede contribuir a minimizar la violencia simbólica que se ejerce en las relaciones sociales en general y en las de la comunicación mediática en particular” (Bourdieu, 1997:22).
La televisión tiene la potencialidad de producir la realidad, y a partir de esa producción de la realidad convocar o generar procesos de movilización o desmovilización social. Dicho en otras palabras, tiene la potencialidad de influir sobre las fuerzas políticas y sociales en contienda. “Los peligros políticos inherentes a la utilización cotidiana de la televisión resulta de que la imagen posee la particularidad de producir lo que los críticos literarios llaman el efecto de la realidad, puede mostrar y hacer creer en lo que muestra. Este poder de evocación es capaz de provocar fenómenos de movilización social […] el hecho de informar implica […] siempre una elaboración social de la realidad capaz de provocar la movilización (o desmovilización) social […] “La televisión que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en instrumento que crea la realidad […] La televisión se convierte en árbitro del acceso de la existencia social y política” (Bourdieu, 1997:28).
Pero, de manera más específica, que implicaciones tiene todo esto para los movimientos sociales y sus luchas populares, “En estas luchas, hoy en día, la televisión tiene un papel determinante. Quienes todavía creen que basta con manifestarse, sin ocuparse de la televisión, corren el serio peligro de errar el tiro: hay que producir, cada vez más, manifestaciones para la televisión, es decir, manifestaciones que por su naturaleza despierten el interés de la gente de la televisión, haciendo hincapié en sus categorías de percepción, y que, retransmitidas y amplificadas por esa gente, alcancen su plena eficacia” (Bourdieu, 1997:29).
VI. Conclusiones
1. En lo epistemológico la sociología de Pierre Bourdieu presenta una perspectiva en la que se pueden estudiar los movimientos sociales rompiendo epistemológicamente con la preocupación e ilusión de la academia dominante que propugna por una ciencia neutral, pura en términos políticos y que niega la existencia de la lucha de clases.
2. Siempre en lo epistemológico, pero sobre todo en lo metodológico, Bourdieu presenta tres categorías: campo, habitus y capital; con potencial para buscar la síntesis que articule los factores externos e internos para el estudio y explicación de los movimientos sociales. Estos tres conceptos son clave para romper con las parejas epistemológicas, que en el fondo son dicotomías falsas, como las siguientes: objeto/sujeto, materialismo/idealismo, cuerpo/mente, micro/macro, individual/colectivo, cualitativo/cuantitativo.
Estas parejas epistemológicas dicotómicas producen cortes en el papel que en la realidad no existen. Entonces, estos conceptos de campo, habitus y capital, presentan un marco general episte-metodológico para explicar el surgimiento y desarrollo de los movimientos sociales desde la síntesis de los aspectos objetivos externos y los subjetivos internos.
3. En relación al papel de los intelectuales y la política, Bourdieu propone un intelectual comprometido pero a la vez autónomo. Atribuyó a los intelectuales la tarea urgente de inventar nuevas maneras de pensar y actuar ante la precarización laboral y de la sociedad en general.
Lo anterior, es congruente con la idea de que la sociología está llamada a politizar no a moralizar. Propone la necesidad de construir el intelectual colectivo, que debe desarrollar una crítica negativa contra la dominación simbólica, y una crítica positiva de invención política.
4. La relación entre la televisión y los movimientos sociales es muy relevante. Bourdieu atribuye a la televisión no sólo la capacidad de reproducir la realidad, sino que también de de crearla. Además, considera a este campo uno de los principales instrumentos de la dominación simbólica.
En referencia a las luchas sociales, asume que no basta con manifestarse sin ocuparse de la televisión. Es decir, la televisión y los medios de comunicación en general, constituyen un campo de batalla de los movimientos sociales.
VII. Bibliografía citada y de referencia
1. Bourdieu, Pierre (2008). Los usos sociales de la ciencia, Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina.
2. Bourdieu, Pierre (2006). La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Editorial Taurus, Madrid, España.
3. Bourdieu, Pierre (2005a). Pensamiento y acción. Libros del Zorzal, Buenos Aires, Argentina.
4. Bourdieu, Pierre y Loic J.D. Wacquant (2005b). Una invitación a la sociología reflexiva, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, Argentina.
5. Bourdieu, Pierre (2003). El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad, Editorial Anagrama, Barcelona, España.
6. Bourdieu, Pierre (2002). Lección sobre la lección. Editorial Anagrama. Barcelona, España.
7. Bourdieu, Pierre (2001). Contrafuegos 2. Por un movimiento social europeo. Editorial Anagrama, España.
8. Bourdieu, Pierre (2000). Poder, derecho y clases sociales. Editorial desclée, Bilbao, España.
9. Bourdieu, Pierre (1997). Sobre la televisión. Anagrama, Barcelona, España.
10. Bourdieu, Pierre y Loic J.D. Wacquant (1995). Respuestas por una antropología reflexiva. Editorial Grijalbo, México.
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Dr. José Gómez Cumpa
Director de la Escuela Profesional de Sociología
FACHSE-UNPRG
Lambayeque, Perú
Telf. 51-74-283158
Cel. (51-74) 97-9877958
websites: www.sociologiasiglo21.blogspot.com - www.chiclayosigloxxi.blogspot.com
Los que tienen la suerte de poder dedicar su vida al estudio del movimiento social, no pueden permanecer, neutros e indiferentes, al margen de las luchas que ponen en juego el futuro del mundo.
Pierre Bourdieu
I. Breve introducción
En este ensayo se pretende indagar, en una primera exploración y de manera muy preliminar, la potencialidad de la sociología bourdieusiana para la investigación y estudio de los movimientos sociales.
Se exploran los aspectos epistemológicos, los metodológicos a partir de las categorías conceptuales de campo, habitus y capital; el papel de los intelectuales y la televisión.
II. Consideraciones epistemológicas para el estudio de los movimientos sociales
Uno de los aportes de Bourdieu que deben ser considerados en la investigación científica y, de manera especial, en el estudio de los movimientos sociales, es la relación entre ciencia y poder, y entre ciencia y política.
Para Bourdieu no hay una frontera infranqueable entre epistemología y política. Al respecto, sostiene que: “los conflictos epistemológicos son siempre, inseparablemente conflictos políticos: es por eso que una investigación sobre el poder en el campo científico podría comprender sólo cuestiones de tipo epistemológico” (Bourdieu, 2008:15).
Nuestro autor combate la idea de una ciencia neutra y completamente objetiva, que ubica al quehacer científico lejos de la esfera del poder y de todo tipo de intereses. Desde la perspectiva de Bourdieu la pretendida búsqueda de neutralidad no es más que una ficción. “La idea de una ciencia neutra es una ficción, y es una ficción interesada, que permite considerar científica una forma neutralizada y eufemística (y por lo tanto particularmente eficaz simbólicamente porque es particularmente desconocible) de la representación dominante del mundo social” (Bourdieu, 2008:47).
Bourdieu no sólo no acepta la supuesta neutralidad de la ciencia, sino que va mucho más allá cuando afirma: “la ciencia social toma necesariamente partido en la lucha política” (Bourdieu, 2008:48).
Siguiendo la lógica de argumentación anterior, Bourdieu es consciente que bajo la autoridad de la ciencia se construye la conciencia falsa, la política oficial y se niega la existencia de la lucha de clases.
“La ciencia falsa destinada a producir y mantener la falsa conciencia, la sociología oficial (cuya politología es su más bello florón) debe hacer exhibición de objetividad y de “neutralidad ética” (es decir neutralidad en la lucha de clases cuya existencia niega, por otro lado) y dar todas las apariencias de una ruptura decidida con la clase dominante y sus demandas ideológicas, multiplicando los signos exteriores de cientificidad […]” (Bourdieu, 2008:53).
En resumen, el estudio de los movimientos sociales, desde las posiciones epistemológicas de Pierre Bourdieu, exige el reconocimiento de la existencia de la lucha de clases, de la relación entre epistemología y política, y entre epistemología y poder que tienen las prácticas científicas en la creación y legitimación de la dominación simbólica.
III. Habitus, campo y capital en el estudio de los movimientos sociales
En el estudio de los movimientos sociales se encuentran dos grandes perspectivas teóricas. Una, que explica los movimientos sociales desde los factores externos como la teoría del agravio y la teoría de la Estructura de Oportunidades Política (EOP); y dos, la que explica los movimientos sociales desde factores más internos como las subjetividades, las identidades y la movilización de recursos. En la actualidad, se ha demostrado que ambas perspectivas analíticas son insuficientes y existen esfuerzos para la construcción de una síntesis teórica que articule tanto la teoría de los factores externos como los internos para la explicación de los movimientos sociales. En la búsqueda de esta síntesis teórica, los conceptos de habitus, campus y capital pueden dar un aporte significativo. Bourdieu busca romper con las parejas dicotómicas como objetividad/subjetividad, estructura/acción, micro/macro, entre otras.
La preocupación central de Bourdieu es pensar e investigar la realidad en términos de relaciones, más que de estructuras. Campo significa pensar en términos de relaciones. “Lo real es relacional: lo que existe en el mundo son relaciones; no interacciones o vínculos intersubjetivos entre agentes, sino relaciones objetivas que existen “independientemente de la conciencia y voluntad individuales”, como dijera Marx” (Bourdieu, 1995:64).
El concepto de capital es clave para conocer con que “armas” o recursos, no sólo materiales sino que también simbólicos, se enfrentan los movimientos sociales. “Un capital o una especie de capital es el factor eficiente en un campo dado, como arma y como apuesta; permite a su poseedor ejercer un poder, una influencia, por tanto, existir en un determinado campo, en vez de ser una simple “cantidad deleznable” (Bourdieu, 1995: 65).
Lo fundamental es que Bourdieu reconoce que a todo ejercicio de poder le corresponde determinada lucha y resistencia de los dominados, sea esta oculta o abierta, y esto es parte de los acumulados históricos sin los cuales la gestación e irrupción, mucha veces de manera sorpresiva e intempestiva, de los movimientos sociales sería muy difícil de comprender. Veamos el siguiente planteamiento de Pierre Bourdieu:
“Quienes dominan en un determinado campo están en posición de hacerlo funcionar en su beneficio, pero siempre deben tener en cuenta la resistencia, las protestas, la reivindicaciones y las pretensiones, “políticas” o no, de los dominados. Es verdad que dentro de ciertas condiciones históricas, las cuales deben estudiarse empíricamente, un campo puede comenzar a funcionar como aparato. Cuando el dominante logra aplastar o dominar la resistencia y las reacciones del dominado, cuando todos los movimientos ocurren exclusivamente de arriba hacia abajo, la lucha y la dialéctica constitutivas del campo tienden a desaparecer. Sólo puede haber historia mientras los individuos se rebelen, resistan y reaccionen.
Las instituciones totalitarias –asilos, prisiones, campos de concentración- y las dictaduras son intentos de acabar con la historia. Así, los aparatos representan un caso extremo, algo que se puede considerar un estado patológico de los campos. Pero, se trata de un extremo que nunca se alcanza del todo, aun en los regímenes “totalitarios” más represivos” (Bourdieu, 1995:68).
Los campos son espacio de disputa de las fuerzas sociales, ya sea por conservar o transformas los capitales. El campo es algo dinámico y para nada estático. “El campo es escenario de relaciones de fuerza y de luchas encaminadas a transformarlas y, por consiguiente, el sitio de un cambio permanente” (Bourdieu, 1995:69).
Sin mayor explicación, Bourdieu no hace referencia a las categorías de sujeto o de actor, sino que prefiere hablar de agente. Pero lo más importante es que presenta una perspectiva que busca romper con los determinismos de los factores internos o externos del sujeto. Es decir, está contra el determinismo estructural, pero también contra el determinismo de la elección racional y del individualismo metodológico. Así plantea que: “Los agentes sociales no son “partículas” mecánicamente arrastradas y empujadas por fuerzas externas. Son, más bien, portadores de capital y, según su trayectoria y la posición que ocupan en el campo en virtud de su dotación de capital (volumen y estructura), propenden a orientarse activamente, ya sea hacia la conservación de distribución del capital, ya sea hacia la subversión de dicha distribución […]” (Bourdieu, 1995: 72).
Bourdieu enfatiza que, “la teoría de la acción racional sólo reconoce las “respuestas racionales” de un agente carente de historia, indeterminado e intercambiable” (Bourdieu, 1995:85), y plantea la categoría de habitus como un concepto clave para romper con las dicotomías epistemológicas falsas, al reconocer que, “hablar de habitus es plantear que lo individual, e incluso lo personal, lo subjetivo, es social, a saber, colectivo” (Bourdieu, 1995:87).
“El concepto de habitus da cuenta del hecho de que los agentes sociales no son ni partículas de materia determinada por causas externas, ni tampoco pequeñas mónadas guiadas exclusivamente por motivos internos y que llevan a cabo una suerte de programa perfectamente racional. Los agentes sociales son el producto de la historia, esto es, de la historia de todo el campo social y de la experiencia acumulada en el curso de una trayectoria determinada en el subcampo considerado […]
En otras palabras, los agentes sociales determinan activamente, mediante categorías de percepción y apreciación social e históricamente constituidas, las situaciones que los determinan. Se puede decir, incluso, que los agentes sociales están determinados solamente en la medida que se autodeterminan; pero, las categorías de percepción y apreciación que forman la base de esta autodeterminación están así mismas determinadas en gran parte por las condiciones económicas y sociales de su constitución” (Bourdieu, 1995: 93-94).
Así las cosas, el concepto de habitus, sería la categoría fundamental para romper con los determinismos sobre los agentes.
IV. Los intelectuales y los movimientos sociales
En las ciencias sociales existe un largo debate sobre el papel de los intelectuales en la política. Antonio Gramsci desarrolló la idea del “intelectual orgánico”, pero Bourdieu plantea el intelectual comprometido pero a la vez autónomo.
Bourdieu en los últimos años de su vida apoyó en las calles y huelgas los movimientos sociales contra el neoliberalismo. Rechazó de manera enérgica las medidas de privatización, la destrucción de los sindicatos y la discriminación y mal trato a los trabajadores migrantes en Europa.
Denunció los procesos de flexibilización y precarización laboral, y llamó a la movilización social: “La privatización de muchas grandes empresas y la multiplicación de los “trabajitos”, limitado casi siempre a los servicios, y por tanto temporales y a tiempo parcial, interinos y a veces a domicilio, las propias bases de un sindicato de militantes están amenazadas, como lo demuestran no sólo el declive de la sindicación, sino también y sobre todo la escasa participación de los jóvenes y sobre todo los jóvenes procedentes de la inmigración, que provocan tanto inquietud y que nadie -o casi nadie- piensa en movilizar en ese frente.” (Bourdieu, 2001:20-21).
Bourdieu llamó a los movimientos sociales, y sobre todo al movimiento sindical europeo a realizar una serie de rupturas para que se pudiera colocar a la altura de los desafíos históricos que reclama el momento. Llamó a romper con los particularismos nacionales, con el pensamiento conciliador, con el fatalismo económico y con el neoliberalismo.
Ruptura con los particularismos nacionales, “ruptura con un pensamiento conciliador que tiende a debilitar el pensamiento y la acción críticos, a valorizar el consenso social hasta el punto de animar a los sindicatos a compartir la responsabilidad de una política encaminada a hacer aceptar a los dominados su subordinación; ruptura con el fatalismo económico, que estimulan no sólo los discursos mediático-políticos sobre las necesidades ineluctables de la “globalización” y sobre el dominio de los mercados financieros […], sino también el propio comportamiento de los gobiernos socialdemócratas […] ruptura con un neoliberalismo diestro en presentar las exigencias inflexibles de contratos de trabajo leoninos bajo la apariencia de la “flexibilidad” […]” (Bourdieu, 2001: 21-22).
Desde la perspectiva de Bourdieu el neoliberalismo, los procesos de globalización y de precarización laboral, desafían a los movimientos sociales y al sindicalismo en particular en la construcción de nuevas formas de pensar y actuar. “No hay tarea más urgente que la invención de unas maneras de pensar y actuar nuevas que impone la precarización” (Bourdieu, 2001:25).
Pierre Bourdieu se pronunció por la construcción del “intelectual colectivo”, y por una solidaridad práctica entre los intelectuales y los huelguistas, y movimientos sociales en general. Sin embargo, su propuesta no es que el intelectual abandone su campo y se convierta en un simple activista más, sino que su principal lucha debía estar en el mismo campo intelectual.
“Es en la esfera intelectual donde los intelectuales deben sostener el combate, no sólo porque es allí donde sus armas gozan de mayor eficacia, sino también porque las nuevas tecnocracias consiguen imponerse frecuentemente en nombre de la autoridad intelectual.
La nueva demagogia se apoya principalmente en las encuestas para legitimar las medidas represivas contra los extranjeros, o las políticas culturales hostiles a la vanguardia. He aquí porque los intelectuales deben de disponer de medios de expresión autónomos que no dependan de subvenciones públicas o privadas y organizarse colectivamente, para poner sus propias armas al servicio de los combates progresistas” (Bourdieu, 2005a:50).
Bourdieu criticó de manera férrea la complacencia y supuesta neutralidad de los intelectuales, y su refugio en los recintos universitarios. “No se trata de leer ponencias, como en la universidad, sino de “exponerse” lo cual es muy distinto: los académicos exponen mucho en los coloquios, pero se exponen poco” (Bourdieu, 2005a:52).
Señaló que una de las tareas de la sociología debía ser la politización de la sociedad. “La sociología no invita a moralizar sino a politizar” (Bourdieu, 2005a: 58).
Desde la perspectiva de Bourdieu quien estudia los movimientos sociales no puede permanecer neutro ni indiferente. “Los que tienen la suerte de poder dedicar su vida al estudio del movimiento social, no pueden permanecer, neutros e indiferentes, al margen de las luchas que ponen en juego el futuro del mundo” (Bourdieu, 2001:7).
Todo lo anterior, tiene que ver con la importancia que Bourdieu atribuye a los intelectuales para la lucha social. “Los intelectuales (entendiendo por ello a los artistas, escritores y científicos que se comprometen en una acción política) son indispensables para la lucha social, especialmente hoy, dadas las formas completamente nuevas que adquiere la dominación” (Bourdieu, 2001:40).
La propuesta de Bourdieu en torno a los intelectuales y su compromiso político se sintetiza en el siguiente párrafo que por su importancia cito en extenso.
“Debemos oponer las producciones de redes críticas que agrupen “intelectuales específicos” (en el sentido de Foucault) de un verdadero intelectual colectivo capaz de definir los objetos y los fines de su reflexión y de su acción, es decir, autónomo. Este intelectual colectivo puede y debe cumplir en primer lugar funciones negativas, críticas, trabajando en la producción y extensión de instrumentos de defensa contra la dominación simbólica que hoy se ampara casi siempre en la autoridad de la ciencia; haciendo valer la competencia y la autoridad del colectivo reunido, puede someter el discurso dominante a una crítica lógica que ataque sobre todo el léxico (“globalización”, “flexibilización”, etc.), pero también la argumentación y el uso de metáforas; también puede someterlo a una crítica sociológica, que prolonga la primera, poniendo en evidencia los determinantes que pesan sobre los productores del discurso dominante (empezando por los periodistas sobre todo económicos) y sobre sus productos; por último puede oponer una crítica propiamente científica a la autoridad predeterminadamente científica de los expertos, sobre todo económicos” (Bourdieu, 2001:40-41). “Pero también puede cumplir una función positiva contribuyendo a un trabajo colectivo de invención política […]
Pero la doxa neoliberal ha ocupado todo el espacio vacante y la crítica se ha refugiado en el “pequeño mundo” académico, donde está encantada de sí misma, pero no es capaz de inquietar realmente a nadie en nada” (Bourdieu, 2001:41).
V. La televisión y las nuevas tecnologías en el estudio de los movimientos sociales
En la actualidad está en el debate académico el tema de las nuevas tecnologías de la comunicación y la influencia y cambios que han producido en los movimientos sociales. Bourdieu no estudió de manera general las nuevas tecnologías de la información y comunicación, pero sí el papel de la televisión. Claro que es importante aclarar que reflexionó desde la televisión europea -cuando las grandes empresas televisoras tomaban fuerza en el ámbito del mercado, y se desprendían, de alguna manera, de su vinculación estatal-. Sin embargo, aun con esta advertencia, sus reflexiones son más que interesantes para realidades como la latinoamericana.
En primer lugar a Bourdieu le preocupó mucho la falta de autonomía y, por tanto, la invasión del campo de la televisión por el campo económico y otros. Así señaló que, “el acceso a la televisión tiene como contrapartida una formidable censura, una pérdida de autonomía que está ligada, entre otras cosas, a que el tema es impuesto, a que las condiciones de comunicación son impuestas y, sobre todo, a que la limitación del tiempo impone al discurso que resulta poco probable que pueda decirse algo […] Lo que pesa sobre la televisión es la coerción económica […]” (Bourdieu, 1997:19).
Pero, qué relevancia tiene el campo de la televisión en la sociedad. En primer lugar, su capacidad de reproducir el orden simbólico dominante. En la perspectiva de Bourdieu, “los mecanismos anónimos, invisibles, a través de los cuales se ejercen las censuras de todo orden que hacen que la televisión sea un colosal instrumento de mantenimiento del orden simbólico” (Bourdieu, 1997:20).
Por ello, le atribuía a la sociología la tarea de descubrir las cosas ocultas y contribuir a minimizar la violencia simbólica. “La sociología, al igual que todas las ciencias, tiene como misión descubrir cosas ocultas; al hacerlo, puede contribuir a minimizar la violencia simbólica que se ejerce en las relaciones sociales en general y en las de la comunicación mediática en particular” (Bourdieu, 1997:22).
La televisión tiene la potencialidad de producir la realidad, y a partir de esa producción de la realidad convocar o generar procesos de movilización o desmovilización social. Dicho en otras palabras, tiene la potencialidad de influir sobre las fuerzas políticas y sociales en contienda. “Los peligros políticos inherentes a la utilización cotidiana de la televisión resulta de que la imagen posee la particularidad de producir lo que los críticos literarios llaman el efecto de la realidad, puede mostrar y hacer creer en lo que muestra. Este poder de evocación es capaz de provocar fenómenos de movilización social […] el hecho de informar implica […] siempre una elaboración social de la realidad capaz de provocar la movilización (o desmovilización) social […] “La televisión que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en instrumento que crea la realidad […] La televisión se convierte en árbitro del acceso de la existencia social y política” (Bourdieu, 1997:28).
Pero, de manera más específica, que implicaciones tiene todo esto para los movimientos sociales y sus luchas populares, “En estas luchas, hoy en día, la televisión tiene un papel determinante. Quienes todavía creen que basta con manifestarse, sin ocuparse de la televisión, corren el serio peligro de errar el tiro: hay que producir, cada vez más, manifestaciones para la televisión, es decir, manifestaciones que por su naturaleza despierten el interés de la gente de la televisión, haciendo hincapié en sus categorías de percepción, y que, retransmitidas y amplificadas por esa gente, alcancen su plena eficacia” (Bourdieu, 1997:29).
VI. Conclusiones
1. En lo epistemológico la sociología de Pierre Bourdieu presenta una perspectiva en la que se pueden estudiar los movimientos sociales rompiendo epistemológicamente con la preocupación e ilusión de la academia dominante que propugna por una ciencia neutral, pura en términos políticos y que niega la existencia de la lucha de clases.
2. Siempre en lo epistemológico, pero sobre todo en lo metodológico, Bourdieu presenta tres categorías: campo, habitus y capital; con potencial para buscar la síntesis que articule los factores externos e internos para el estudio y explicación de los movimientos sociales. Estos tres conceptos son clave para romper con las parejas epistemológicas, que en el fondo son dicotomías falsas, como las siguientes: objeto/sujeto, materialismo/idealismo, cuerpo/mente, micro/macro, individual/colectivo, cualitativo/cuantitativo.
Estas parejas epistemológicas dicotómicas producen cortes en el papel que en la realidad no existen. Entonces, estos conceptos de campo, habitus y capital, presentan un marco general episte-metodológico para explicar el surgimiento y desarrollo de los movimientos sociales desde la síntesis de los aspectos objetivos externos y los subjetivos internos.
3. En relación al papel de los intelectuales y la política, Bourdieu propone un intelectual comprometido pero a la vez autónomo. Atribuyó a los intelectuales la tarea urgente de inventar nuevas maneras de pensar y actuar ante la precarización laboral y de la sociedad en general.
Lo anterior, es congruente con la idea de que la sociología está llamada a politizar no a moralizar. Propone la necesidad de construir el intelectual colectivo, que debe desarrollar una crítica negativa contra la dominación simbólica, y una crítica positiva de invención política.
4. La relación entre la televisión y los movimientos sociales es muy relevante. Bourdieu atribuye a la televisión no sólo la capacidad de reproducir la realidad, sino que también de de crearla. Además, considera a este campo uno de los principales instrumentos de la dominación simbólica.
En referencia a las luchas sociales, asume que no basta con manifestarse sin ocuparse de la televisión. Es decir, la televisión y los medios de comunicación en general, constituyen un campo de batalla de los movimientos sociales.
VII. Bibliografía citada y de referencia
1. Bourdieu, Pierre (2008). Los usos sociales de la ciencia, Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina.
2. Bourdieu, Pierre (2006). La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Editorial Taurus, Madrid, España.
3. Bourdieu, Pierre (2005a). Pensamiento y acción. Libros del Zorzal, Buenos Aires, Argentina.
4. Bourdieu, Pierre y Loic J.D. Wacquant (2005b). Una invitación a la sociología reflexiva, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, Argentina.
5. Bourdieu, Pierre (2003). El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad, Editorial Anagrama, Barcelona, España.
6. Bourdieu, Pierre (2002). Lección sobre la lección. Editorial Anagrama. Barcelona, España.
7. Bourdieu, Pierre (2001). Contrafuegos 2. Por un movimiento social europeo. Editorial Anagrama, España.
8. Bourdieu, Pierre (2000). Poder, derecho y clases sociales. Editorial desclée, Bilbao, España.
9. Bourdieu, Pierre (1997). Sobre la televisión. Anagrama, Barcelona, España.
10. Bourdieu, Pierre y Loic J.D. Wacquant (1995). Respuestas por una antropología reflexiva. Editorial Grijalbo, México.
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Dr. José Gómez Cumpa
Director de la Escuela Profesional de Sociología
FACHSE-UNPRG
Lambayeque, Perú
Telf. 51-74-283158
Cel. (51-74) 97-9877958
websites: www.sociologiasiglo21.blogspot.com - www.chiclayosigloxxi.blogspot.com
miércoles, 2 de septiembre de 2009
LOS NÚCLEOS EJECUTORES
Por Jorge del Castillo
Los Núcleos Ejecutores (NE) pueden ser una solución para realizar obras en las poblaciones rurales y urbanas a las cuales el centralismo no alcanza. Las obras deben tener un valor no mayor de 100 UIT o sea 355 mil soles y deben ser proyectos de inversión pública o mantenimiento de infraestructura en áreas como: saneamiento, agua potable, minipresas, pequeños sistemas de riego, reparación o apertura de trochas carrozables, puentes, muros de contención, energía eléctrica, educación, salud, y otras obras productivas o sociales.
FORMACIÓN DEL NE
Pueden formarse Núcleos Ejecutores en asentamientos humanos urbanos o rurales, rondas campesinas, comités de autodefensa, comités de gestión local, organizaciones de licenciados de las FFAA y PNP y grupos juveniles de 18 a 29 años. Deben integrarse con no menos de 100 personas pertenecientes a las organizaciones sociales mencionadas. En asamblea eligen un presidente, secretario, tesorero, e integran a un veedor del gobierno regional o local.
FINANCIAMIENTO
Los NE tendrán como fuente de financiamiento para sus obras el 6% del saldo no usado por municipios y regiones en obras de inversión pública en el año 2009. Bastará una solicitud a la región o municipio, indicando qué proyecto desean ejecutar y adjuntando el acta de constitución. La región o el municipio dentro de 15 días debe declarar procedente o no el proyecto y en caso de ser procedente en 5 días debe suscribir el Convenio con el NE, dando cuenta a la PCM e inscribiéndose en el Registro Nacional. La región o municipio debe abrir una cuenta en el Banco de la Nación y depositar los fondos para la obra.
PARTICIPACIÓN
En el convenio debe constar el aporte de la población en mano de obra, terreno, materiales, etc. Los fondos aportados deben ser detallados en un presupuesto que podrá incluir los honorarios de la dirección técnica de la obra. Debe definirse a los responsables de la administració n de los recursos del NE, quienes serán civil y penalmente responsables de los fondos utilizados.
FISCALIZACIÓN
La población organizada vigila mejor que la Contraloría, pero lo hará sin perjuicio del control y fiscalización de la región, municipio e inclusive de la Contraloría. El Programa de Reparaciones Colectivas de la PCM, con más de 800 obras en las comunidades más pobres y lejanas, así lo demuestra.
Los Núcleos Ejecutores (NE) pueden ser una solución para realizar obras en las poblaciones rurales y urbanas a las cuales el centralismo no alcanza. Las obras deben tener un valor no mayor de 100 UIT o sea 355 mil soles y deben ser proyectos de inversión pública o mantenimiento de infraestructura en áreas como: saneamiento, agua potable, minipresas, pequeños sistemas de riego, reparación o apertura de trochas carrozables, puentes, muros de contención, energía eléctrica, educación, salud, y otras obras productivas o sociales.
FORMACIÓN DEL NE
Pueden formarse Núcleos Ejecutores en asentamientos humanos urbanos o rurales, rondas campesinas, comités de autodefensa, comités de gestión local, organizaciones de licenciados de las FFAA y PNP y grupos juveniles de 18 a 29 años. Deben integrarse con no menos de 100 personas pertenecientes a las organizaciones sociales mencionadas. En asamblea eligen un presidente, secretario, tesorero, e integran a un veedor del gobierno regional o local.
FINANCIAMIENTO
Los NE tendrán como fuente de financiamiento para sus obras el 6% del saldo no usado por municipios y regiones en obras de inversión pública en el año 2009. Bastará una solicitud a la región o municipio, indicando qué proyecto desean ejecutar y adjuntando el acta de constitución. La región o el municipio dentro de 15 días debe declarar procedente o no el proyecto y en caso de ser procedente en 5 días debe suscribir el Convenio con el NE, dando cuenta a la PCM e inscribiéndose en el Registro Nacional. La región o municipio debe abrir una cuenta en el Banco de la Nación y depositar los fondos para la obra.
PARTICIPACIÓN
En el convenio debe constar el aporte de la población en mano de obra, terreno, materiales, etc. Los fondos aportados deben ser detallados en un presupuesto que podrá incluir los honorarios de la dirección técnica de la obra. Debe definirse a los responsables de la administració n de los recursos del NE, quienes serán civil y penalmente responsables de los fondos utilizados.
FISCALIZACIÓN
La población organizada vigila mejor que la Contraloría, pero lo hará sin perjuicio del control y fiscalización de la región, municipio e inclusive de la Contraloría. El Programa de Reparaciones Colectivas de la PCM, con más de 800 obras en las comunidades más pobres y lejanas, así lo demuestra.
domingo, 23 de agosto de 2009
ORDEN E INCLUSIÓN
Sinesio López Jiménez
En algún momento dudó. Probablemente quiso comunicarnos a los humildes mortales que no es Dios, que es un ser humano. Pero pronto volvió al Olimpo. En una sociedad secularizada el gesto de García no es sublime. Es ridículo. Luego que Jehude Simon dio un golpe al Congreso (desconociendo las leyes de la selva) para evitar un golpe ciudadano-indígena contra el gobierno, García lanzó un mensaje al país en el que reconocía algunos errores, se abría al diálogo y respaldaba los acuerdos a los que había llegado su ex-primer ministro. Pero a los pocos días, en un artículo publicado en un diario fujimorista, García volvió al esquema político de la confrontación según el cual las protestas sociales son promovidas por agentes de gobiernos (enemigos del Perú) que promueven modelos estatistas y autoritarios y que buscan echarse abajo al sistema democrático peruano. En el mensaje del 28 de julio, con un lenguaje moderado por la ocasión, el presidente reiteró el mismo esquema confrontacional y propuso la política de orden e inclusión como orientación general de los planes del gabinete presidido por Velásquez Quesquén.
La propuesta de orden e inclusión, por consiguiente, se inscribe en el esquema político confrontacional de una relación amigo-enemigo. . Entonces, ¿qué tipo de orden y qué forma de inclusión propone García?. Mi hipótesis es que se trata de un orden a palos y de una inclusión segmentada de clientelas. Sabiéndolo o no, los políticos peruanos (de derecha, de centro y de izquierda) son schmittianos un poco exagerados. Entienden y practican la política, no desde la guerra (Carl Schmitt), sino como guerra. Los que no son ni piensan como nosotros –sostienen los políticos peruanos- son los otros (los extranjeros) , los enemigos con los que hay que librar una lucha intensa utilizando las armas para aniquilarlos. Siguiendo una relectura aguda de Carl Schmitt hecha por el politólogo francés Julien Freund, sostengo que el orden es el resultado dialéctico de la relación autoridad-obediencia que define lo político en todas las sociedades. Se puede imponer a palos, como quiere García, extendiendo la relación internacional amigo-enemigo, propia de los países y los sistemas de Estados, al ámbito interno en donde los peruanos que protestan se comportan –siempre según García- como los enemigos externos y los representan. Pero también se puede lograr a través de otra característica propia de lo político, la relación privado-público que da origen a las opiniones, a los consensos y a los disensos. Lo público, el orden por ejemplo, es el producto del diálogo entre iguales y diversos sobre asuntos de interés general para llegar a ciertos acuerdos que pueden versar sobre los contenidos o sobre los procedimientos.
La gente no es loca, ni levantisca, ni criminal. Ella responde con frecuencia a las arbitrariedades de los que detentan el poder. El baguazo es una ilustración meridiana de esta tesis. Lo que más irrita a los gobernantes y a los conservadores es la forma radical (a veces ilegal) de las protestas sociales. Pero la radicalidad no proviene sólo de algunos extremistas –que los hay- que dirigen los movimientos sociales sino de los mismos movimientos contestatarios. Su objetivo no es, como señalaron con agudeza Almond y Powell analizando el caso peruano de los '60 del siglo pasado, destruir el sistema, sino hacerlo funcionar. Sucede que los gobernantes son ciegos, sordos o arbitrarios y sólo escuchan a los de abajo cuando sus dramatizaciones son ruidosas y fuertes. Sólo entonces las demandas sociales llegan a la agenda pública en donde pueden ser atendidas. Si lo son, la vida continúa con tranquilidad. De lo contrario, el conflicto se mantiene vivo o latente como sostiene la Defensoría.
Y, ¿en qué consiste la inclusión propuesta por García?. Mi hipótesis, como ya lo señalé, es que se trata de una inclusión segmentada de clientelas. No es el caso del Apra auroral de los años '30 del siglo pasado que, desde el partido, luchó para abrir las puertas cerradas de la política oligárquica a la participación de todos los excluidos, como han señalado Ruth y David Collier en Shaping Political Arena (Princeton University Press, 1991). A diferencia de otros países (Brasil y Chile) que incorporaron a las masas excluidas a través del Estado, en el Perú esa inclusión se produjo principalmente a través del partido aprista. Ahora la situación es distinta. El Apra y García están interesados más bien en mantener desmovilizada y silenciada a la sociedad, como en los tiempos de Fujimori, para que el modelo neoliberal en crisis pueda funcionar. Ese es el objetivo de penalizar las protestas sociales, de controlar a las ONG y de vincular a los movimientos contestatarios a los gobiernos extranjeros enemigos del Perú.
Ya no se trata de la incorporación masiva y plena de los excluidos a la vida política reconociéndoles todos los derechos ciudadanos, sino que se busca formar clientelas partidarias a través de los llamados núcleos ejecutores del gasto público. Es una inclusión parcial y segmentada, no para que participen los excluidos, sino más bien para mantenerlos desmovilizados.
En algún momento dudó. Probablemente quiso comunicarnos a los humildes mortales que no es Dios, que es un ser humano. Pero pronto volvió al Olimpo. En una sociedad secularizada el gesto de García no es sublime. Es ridículo. Luego que Jehude Simon dio un golpe al Congreso (desconociendo las leyes de la selva) para evitar un golpe ciudadano-indígena contra el gobierno, García lanzó un mensaje al país en el que reconocía algunos errores, se abría al diálogo y respaldaba los acuerdos a los que había llegado su ex-primer ministro. Pero a los pocos días, en un artículo publicado en un diario fujimorista, García volvió al esquema político de la confrontación según el cual las protestas sociales son promovidas por agentes de gobiernos (enemigos del Perú) que promueven modelos estatistas y autoritarios y que buscan echarse abajo al sistema democrático peruano. En el mensaje del 28 de julio, con un lenguaje moderado por la ocasión, el presidente reiteró el mismo esquema confrontacional y propuso la política de orden e inclusión como orientación general de los planes del gabinete presidido por Velásquez Quesquén.
La propuesta de orden e inclusión, por consiguiente, se inscribe en el esquema político confrontacional de una relación amigo-enemigo. . Entonces, ¿qué tipo de orden y qué forma de inclusión propone García?. Mi hipótesis es que se trata de un orden a palos y de una inclusión segmentada de clientelas. Sabiéndolo o no, los políticos peruanos (de derecha, de centro y de izquierda) son schmittianos un poco exagerados. Entienden y practican la política, no desde la guerra (Carl Schmitt), sino como guerra. Los que no son ni piensan como nosotros –sostienen los políticos peruanos- son los otros (los extranjeros) , los enemigos con los que hay que librar una lucha intensa utilizando las armas para aniquilarlos. Siguiendo una relectura aguda de Carl Schmitt hecha por el politólogo francés Julien Freund, sostengo que el orden es el resultado dialéctico de la relación autoridad-obediencia que define lo político en todas las sociedades. Se puede imponer a palos, como quiere García, extendiendo la relación internacional amigo-enemigo, propia de los países y los sistemas de Estados, al ámbito interno en donde los peruanos que protestan se comportan –siempre según García- como los enemigos externos y los representan. Pero también se puede lograr a través de otra característica propia de lo político, la relación privado-público que da origen a las opiniones, a los consensos y a los disensos. Lo público, el orden por ejemplo, es el producto del diálogo entre iguales y diversos sobre asuntos de interés general para llegar a ciertos acuerdos que pueden versar sobre los contenidos o sobre los procedimientos.
La gente no es loca, ni levantisca, ni criminal. Ella responde con frecuencia a las arbitrariedades de los que detentan el poder. El baguazo es una ilustración meridiana de esta tesis. Lo que más irrita a los gobernantes y a los conservadores es la forma radical (a veces ilegal) de las protestas sociales. Pero la radicalidad no proviene sólo de algunos extremistas –que los hay- que dirigen los movimientos sociales sino de los mismos movimientos contestatarios. Su objetivo no es, como señalaron con agudeza Almond y Powell analizando el caso peruano de los '60 del siglo pasado, destruir el sistema, sino hacerlo funcionar. Sucede que los gobernantes son ciegos, sordos o arbitrarios y sólo escuchan a los de abajo cuando sus dramatizaciones son ruidosas y fuertes. Sólo entonces las demandas sociales llegan a la agenda pública en donde pueden ser atendidas. Si lo son, la vida continúa con tranquilidad. De lo contrario, el conflicto se mantiene vivo o latente como sostiene la Defensoría.
Y, ¿en qué consiste la inclusión propuesta por García?. Mi hipótesis, como ya lo señalé, es que se trata de una inclusión segmentada de clientelas. No es el caso del Apra auroral de los años '30 del siglo pasado que, desde el partido, luchó para abrir las puertas cerradas de la política oligárquica a la participación de todos los excluidos, como han señalado Ruth y David Collier en Shaping Political Arena (Princeton University Press, 1991). A diferencia de otros países (Brasil y Chile) que incorporaron a las masas excluidas a través del Estado, en el Perú esa inclusión se produjo principalmente a través del partido aprista. Ahora la situación es distinta. El Apra y García están interesados más bien en mantener desmovilizada y silenciada a la sociedad, como en los tiempos de Fujimori, para que el modelo neoliberal en crisis pueda funcionar. Ese es el objetivo de penalizar las protestas sociales, de controlar a las ONG y de vincular a los movimientos contestatarios a los gobiernos extranjeros enemigos del Perú.
Ya no se trata de la incorporación masiva y plena de los excluidos a la vida política reconociéndoles todos los derechos ciudadanos, sino que se busca formar clientelas partidarias a través de los llamados núcleos ejecutores del gasto público. Es una inclusión parcial y segmentada, no para que participen los excluidos, sino más bien para mantenerlos desmovilizados.
martes, 11 de agosto de 2009
GUILLERMO O’DONNELL
Sinesio López Jiménez
En América Latina elegimos gobernantes supuestamente democráticos, pero nos gobiernan dictadores. Nuestros regímenes son más democracias de entrada que de salida. Pese a algunas deficiencias de entrada (sobre todo en las fallas de la competitividad electoral y en los déficits de ciudadanía), las elecciones han alcanzado un nivel aceptable de limpieza e institucionalidad. Casi todas ellas reciben el visto bueno de los observadores electorales de países extranjeros y de organismos especializados. El problema viene luego en el ejercicio del poder y de la representació n. Una vez elegidos, los representantes y los gobernantes se sienten con las manos libres para decidir sin dar cuenta a nadie. Se olvidan del debido proceso, del cumplimiento de la ley, de las instituciones, de la transparencia y de la accountability. Algunas de sus decisiones son abiertamente ilegales e ilegítimas. Las cosas se agravan si el presidente se siente un caudillo que es capaz de llevar a su país del desierto a la tierra prometida.
Guillermo O’Donnell ha llamado democracias delegativas a este tipo de regímenes políticos decisionistas y cesaristas. Han existido en otras épocas y en otras latitudes, pero reaparecieron con fuerza en las transiciones democráticas de los 80 de América Latina. O’Donnell encontró el nombre preciso para designar un viejo fenómeno más menos conocido. Este no es el único caso de éxito en el análisis y en la nominación de los fenómenos políticos. Otro caso notable es el análisis de las dictaduras conosureñas de la década del 70 a las que denominó Estados Burocráticos Autoritarios (EBA). “Coaliciones democratizantes” llamó a las articulaciones implícitas y a los juegos en pared que hacían los blandos de las dictaduras y de la oposición democrática para hacer viables las transiciones.
O’Donnell es probablemente el politólogo latinoamericano de mayor prestigio internacional y el que más ha contribuido al desarrollo de la ciencia política en América Latina. Su originalidad siempre sale a flote en medio de su deslumbrante erudición. Sus libros, artículos e ideas son estudiados y discutidos en las principales universidades y centros de investigación del mundo. Tres grandes temas y problemas han concitado su atención y han merecido sus análisis penetrantes y finos: las dictaduras del Cono Sur, las transiciones democráticas de los 80 y las democracias posteriores. Modernización y autoritarismo fue su tesis de doctorado en Yale que luego apareció como libro preparatorio de los análisis sobre las dictaduras del Cono Sur. Lo que explica esas dictaduras es, según O’Donnell, la profundizació n de la industrializació n (el desarrollo de los bienes de capital) en un contexto de agotamiento de la industrializació n sustitutiva de importaciones (ISI) y de reactivación del sector popular. Esta explicación tiene ciertas consonancias con las tesis del historiador Alexander Gerschenkron sobre la industrializació n tardía de Alemania, Italia y Japón que dio origen a gobiernos autoritarios.
Esta tesis central sobre los EBA tuvo mucha resonancia en los medios universitarios del norte y del sur. David Collier, profesor de la U. de Berkeley, organizó un gran debate académico en el que participaron algunos de los principales politólogos, sociólogos y economistas (Hirschman entre ellos) del mundo cuyas contribuciones fueron publicadas posteriormente en el libro The New Authoritarianism in Latin América (1979, Princeton University Press, Princeton). Prestó mucha atención a la dinámica de los EBA y a sus fisuras que podían anunciar su crisis y apertura a las transiciones democráticas. Sobre este tema coordinó con el destacado politólogo norteamericano Phillipe C. Schmitter una investigación de largo aliento que tuvo como resultado la publicación del libro (en cuatro tomos) Transitions from authoritarianism rule (1986).
Las principales contribuciones de Guillermo O’Donnell a la ciencia política se refieren, sin embargo, a la teoría de la democracia. Ha analizado las diversas perspectivas normativas y empíricas de la democracia como régimen político, ha reconocido las contribuciones más importantes, ha discutido sus ambigüedades y ha señalado sus límites. Con la enorme autoridad académica que tiene, O’Donnell ha roto con el institucionalismo ortodoxo de la democracia para enriquecer la teoría con el contexto histórico y con el análisis acotado de las condiciones (el estado, el sistema legal, la desigualdad, los déficits de la ciudadanía, la sociedad civil). Me parece reconocer en este viraje la influencia de la escuela de Cambridge, especialmente de John Dunn, de Quentin Skinner y de John Pocok.
Después de haber enseñado varios años en la U. de Notre Dame (USA) y de haber sido profesor visitante de algunas de las más importantes universidades de Estados Unidos y Europa, O’Donnell ha vuelto a su tierra natal, Argentina, y en la próxima semana viene de visita al Perú invitado por la PUCP y por el Instituto Bartolomé de las Casas. La PUCP , en reconocimiento de sus méritos académicos en el campo de la ciencia política, le otorgará el doctorado honoris causa el jueves 23 de julio.
En América Latina elegimos gobernantes supuestamente democráticos, pero nos gobiernan dictadores. Nuestros regímenes son más democracias de entrada que de salida. Pese a algunas deficiencias de entrada (sobre todo en las fallas de la competitividad electoral y en los déficits de ciudadanía), las elecciones han alcanzado un nivel aceptable de limpieza e institucionalidad. Casi todas ellas reciben el visto bueno de los observadores electorales de países extranjeros y de organismos especializados. El problema viene luego en el ejercicio del poder y de la representació n. Una vez elegidos, los representantes y los gobernantes se sienten con las manos libres para decidir sin dar cuenta a nadie. Se olvidan del debido proceso, del cumplimiento de la ley, de las instituciones, de la transparencia y de la accountability. Algunas de sus decisiones son abiertamente ilegales e ilegítimas. Las cosas se agravan si el presidente se siente un caudillo que es capaz de llevar a su país del desierto a la tierra prometida.
Guillermo O’Donnell ha llamado democracias delegativas a este tipo de regímenes políticos decisionistas y cesaristas. Han existido en otras épocas y en otras latitudes, pero reaparecieron con fuerza en las transiciones democráticas de los 80 de América Latina. O’Donnell encontró el nombre preciso para designar un viejo fenómeno más menos conocido. Este no es el único caso de éxito en el análisis y en la nominación de los fenómenos políticos. Otro caso notable es el análisis de las dictaduras conosureñas de la década del 70 a las que denominó Estados Burocráticos Autoritarios (EBA). “Coaliciones democratizantes” llamó a las articulaciones implícitas y a los juegos en pared que hacían los blandos de las dictaduras y de la oposición democrática para hacer viables las transiciones.
O’Donnell es probablemente el politólogo latinoamericano de mayor prestigio internacional y el que más ha contribuido al desarrollo de la ciencia política en América Latina. Su originalidad siempre sale a flote en medio de su deslumbrante erudición. Sus libros, artículos e ideas son estudiados y discutidos en las principales universidades y centros de investigación del mundo. Tres grandes temas y problemas han concitado su atención y han merecido sus análisis penetrantes y finos: las dictaduras del Cono Sur, las transiciones democráticas de los 80 y las democracias posteriores. Modernización y autoritarismo fue su tesis de doctorado en Yale que luego apareció como libro preparatorio de los análisis sobre las dictaduras del Cono Sur. Lo que explica esas dictaduras es, según O’Donnell, la profundizació n de la industrializació n (el desarrollo de los bienes de capital) en un contexto de agotamiento de la industrializació n sustitutiva de importaciones (ISI) y de reactivación del sector popular. Esta explicación tiene ciertas consonancias con las tesis del historiador Alexander Gerschenkron sobre la industrializació n tardía de Alemania, Italia y Japón que dio origen a gobiernos autoritarios.
Esta tesis central sobre los EBA tuvo mucha resonancia en los medios universitarios del norte y del sur. David Collier, profesor de la U. de Berkeley, organizó un gran debate académico en el que participaron algunos de los principales politólogos, sociólogos y economistas (Hirschman entre ellos) del mundo cuyas contribuciones fueron publicadas posteriormente en el libro The New Authoritarianism in Latin América (1979, Princeton University Press, Princeton). Prestó mucha atención a la dinámica de los EBA y a sus fisuras que podían anunciar su crisis y apertura a las transiciones democráticas. Sobre este tema coordinó con el destacado politólogo norteamericano Phillipe C. Schmitter una investigación de largo aliento que tuvo como resultado la publicación del libro (en cuatro tomos) Transitions from authoritarianism rule (1986).
Las principales contribuciones de Guillermo O’Donnell a la ciencia política se refieren, sin embargo, a la teoría de la democracia. Ha analizado las diversas perspectivas normativas y empíricas de la democracia como régimen político, ha reconocido las contribuciones más importantes, ha discutido sus ambigüedades y ha señalado sus límites. Con la enorme autoridad académica que tiene, O’Donnell ha roto con el institucionalismo ortodoxo de la democracia para enriquecer la teoría con el contexto histórico y con el análisis acotado de las condiciones (el estado, el sistema legal, la desigualdad, los déficits de la ciudadanía, la sociedad civil). Me parece reconocer en este viraje la influencia de la escuela de Cambridge, especialmente de John Dunn, de Quentin Skinner y de John Pocok.
Después de haber enseñado varios años en la U. de Notre Dame (USA) y de haber sido profesor visitante de algunas de las más importantes universidades de Estados Unidos y Europa, O’Donnell ha vuelto a su tierra natal, Argentina, y en la próxima semana viene de visita al Perú invitado por la PUCP y por el Instituto Bartolomé de las Casas. La PUCP , en reconocimiento de sus méritos académicos en el campo de la ciencia política, le otorgará el doctorado honoris causa el jueves 23 de julio.
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